El BBVA fracasa en su salto hacia delante para hacerse con el Sabadell

La operación pretendía asegurar el incremento de beneficios cuando el BCE comience a bajar los tipos de interés
Ricardo Rubio / Europa Press

El objetivo de los bancos no es obtener beneficios; tampoco mantener su nivel año tras año. El objetivo es incrementar el beneficio cada ejercicio por encima del conseguido el anterior para dar mayor rentabilidad a los accionistas. Esta necesidad es la clave de la gestión de todas las entidades financieras y cualquiera de sus decisiones está condicionada por ella. El BBVA lanzó hace una semana una oferta de compra sobre el Banco Sabadell en un salto hacia delante para seguir la escalada de beneficios basada hasta ahora en la subida de tipos de interés del BCE, que en junio o a más tardar en otoño comenzará a bajarlos. Pero a la entidad más pequeña no le gustó la oferta, fuentes de su Consejo de Administración, presidido por Josep Oliu, llegaron a decir que aceptarla sería “darse un tiro en el pie”, y la rechazaron oficialmente este lunes, igual que hicieron en 2020, comunicando a la CNMV que el segundo banco español “infravalora significativamente el proyecto de Banco Sabadell y sus perspectivas de crecimiento como entidad independiente”.

El BBVA, presidido por Carlos Torres, ganó 8.019 millones de euros en 2023, un 26,1% más que el ejercicio anterior, cuando se incrementó un 38%. Las subidas de tipos en Europa y Estados Unidos dispararon el margen de intereses el año pasado hasta 23.089 millones, un aumento del 20,7%. Pero las vacas flacas en esta materia van a llegar en 2024. A medida que baje el precio del dinero se reducirá la repercusión sobre los clientes endeudados y disminuirá ese margen, poniendo en riesgo la imprescindible alza anual de los beneficios. La banca lleva años utilizando las fusiones para mantener la escalada de ganancias y lo hace de una forma muy simple.

Cuando se anuncian estas operaciones se habla de que hacen crecer la rentabilidad por las sinergias, una palabra mágica que siempre acaba significando lo mismo, el perjuicio de trabajadores y usuarios. Desde 2009, en España se ha producido una cascada de concentración bancaria, en la que se ha pasado de 55 entidades —la mayoría de ellas cajas, muchas muy pequeñas— a diez, encabezadas por Santander, BBVA, CaixaBank y Sabadell. Desde Bruselas y el Banco de España se propiciaron estas operaciones como solución a los problemas de solvencia y la crisis de deuda, pero no se logró impedir el rescate bancario de 2012. De 58.000 millones de euros la banca solo ha devuelto al Estado, es decir a todos los españoles, 6.000 millones. Además, las fusiones causaron desde 2012 a 2022 la supresión de 115.000 empleos y 23.600 oficinas.

Capítulo aparte de los perjuicios que ocasionó la concentración bancaria a los españoles es el de Bankia, antes Caja Madrid, que tras la nefasta y corrupta gestión de sus dos presidentes del PP, Miguel Blesa y Rodrigo Rato, acabó en manos de CaixaBank. El PSOE se negó a aprovechar la oportunidad de mantener la antigua caja de ahorros como banca pública haciendo valer el rescate de 24.000 millones de dinero público, el mayor de todos. Resumiendo: los bancos causaron en gran parte la crisis, al inflar la burbuja inmobiliaria y el crédito difícil de cobrar, pero son los beneficiarios del rescate proporcionado por la UE, que estamos pagando los ciudadanos españoles. Hasta 2027 no está previsto que España termine de saldar la deuda contraída con el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE).

Volvamos al BBVA y su proyecto de fusión con el Sabadell para beneficiar a sus accionistas. La gran banca nos vende la imagen de que quienes detentan sus acciones son una gran masa de pequeños inversores, que completan sus moderados salarios o pensiones con el dividendo anual, pero no es cierto. Claro que hay accionistas que corresponden a este perfil, pero el grueso de ellos son los fondos de inversión internacionales. En este caso, el principal es el famoso fondo BlackRock, el mayor inversor mundial, que es también el mayor casero de nuestro país y participa en unas veinte empresas del Ibex, desde energéticas a inmobiliarias. Este fondo posee el 5,9% de BBVA, el 4,99% de CaixaBank, el 3,96% de Sabadell y el 5,4% de Santander. En el sector bancario, solo Unicaja y Bankinter no lo tienen en su accionariado.

Desde el Consejo del Sabadell se filtró que aceptar la oferta sería “darse un tiro en el pie”. Oficialmente se afirmó que “infravalora” a la entidad

La necesidad imperiosa de incrementar el beneficio del BBVA y de todos los bancos no es su solidaridad con, un suponer, una viuda de Cuenca, sino mantener a la decena de fondos internacionales en su capital. Estos no suelen participar directamente en las decisiones de las entidades, sino que entran o salen de ellas en función de los beneficios obtenidos. En el gran banco que habría salido de la fusión con el Sabadell, el líder mundial de los fondos de inversión se habría mantenido como el mayor accionista, con el 5,25% del capital. La entidad hubiera sido el tercer banco europeo, por detrás de BNP Paribas y Santander, con un valor en bolsa de casi 70.000 millones de euros, según las actuales cotizaciones, acercándose al Santander (72.000 millones). CaixaBank, BBVA y Santander habrían copado así un 71,6% del mercado de crédito y un 73% de los depósitos en España, reduciendo la competencia y por tanto las posibilidades de elegir de los usuarios.

El último problema que habría ocasionado la fusión, pero no el menos importante, es el riesgo sistémico, que se define como “el riesgo creado por interdependencias en un sistema o mercado, en que el fallo de una entidad o grupo de entidades puede causar un fallo en cascada, que puede hundir el sistema o mercado en su totalidad”. Se trata de cuando una entidad es “too big to fail”, demasiado grande para caer, porque se puede llevar por delante el sector, la economía de un país o la de todo el planeta, como sucedió en 2008 con Lehman Brothers. Según el Banco de España, en nuestro país solo hay un banco globalmente sistémico, el Santander. A nivel nacional lo son Santander, BBVA, CaixaBank y Sabadell. La absorción frustrada podría haberse convertido en otro banco español capaz de dañar a la economía de la UE, especialmente si tenemos en cuenta que hubiera sido el banco con mayor riesgo hipotecario de España, y ya sabemos que del impago de hipotecas nació la crisis anterior.

Ayer una autónoma madrileña, propietaria de un pequeño negocio, con su cuenta personal en BBVA y la profesional, como muchas micropymes, en el Sabadell, se alegraba del fracaso de la operación. “Quizá, al convertirse en BBVA, me habrían subido los intereses de mi préstamo”, decía. Los directivos del que fue gran banco vasco deberían dar explicaciones a sus clientes.

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