El escándalo Watergate, la investigación que acabó con Nixon y fue plasmada en ‘Todos los hombres del presidente’

Hace 50 años, la titánica labor periodística que comenzó con la detención de cinco espías y tuvo como confidente a un agente del FBI, provocó la dimisión del presidente y originó una gran película que hoy recordamos
"Obtén información más sólida la próxima vez". De todos los hombres del presidente.
Fotograma: Todos los hombres del presidente

Bob Woodward era de los periodistas peor pagados del Washington Post, escribía insulsos artículos sobre problemas con las ratas en algunos vecindarios y temía por su despido. Carl Bernstein, fumador empedernido, era un culo inquieto que llevaba en la redacción desde la adolescencia. Los dos trabajaban para Ben Bradlee, el respetado y temido director del periódico, un veterano respaldado por la editora del diario, Katharine Graham. 

Woodward fue quien empezó a oler la exclusiva escuchando, ante un juez, a los detenidos por el asalto al Watergate y que acabó siendo el mayor escándalo del país. En el edificio Watergate estaban las oficinas del Partido Demócrata y en ellas un grupo de espías había colocado micrófonos el 28 de mayo y el 17 de junio de 1972, día en el que fueron cazados. Woodward pidió ayuda a Bernstein para redactar sus artículos sobre el caso y no se llevaron bien desde el principio. Woodward era un pulcro republicano y Bernstein un desaliñado demócrata, pero pronto descubrieron que hacían un buen equipo. Su trabajo los llevó a tumbar a un presidente, algo impensable en el periodismo actual. Nixon, acorralado, acabó renunciando a su cargo el verano del 1974.

Sus reportajes, eso sí, no hubieran sido posibles sin las revelaciones acerca de los corruptos hombres del presidente que les ofreció, en un oscuro garaje, “Garganta Profunda”. El 31 de mayo del 2005, tres años antes de morir a los 95 años de una insuficiencia cardiaca,​ William Mark Felt confesó que él era “Garganta Profunda”. Felt fue un agente y director asociado del FBI y había negado, durante treinta años, estar involucrado con los reporteros del Washington Post.

Robert Redford, que llevaba años peleando por ser algo más que la atractiva estrella de Dos hombres y un destino o El golpe, siguió fascinado los artículos de Woodward y Bernstein y supo enseguida que ahí había una gran película. También supo que los dos periodistas iban a escribir un ensayo sobre su investigación. “¡Me ha llamado Robert Redford!”, le confesó Woodward a Bernstein, que se limitó a contestar un “¡Anda ya!”. A los pocos días estaban reunidos con el protagonista de Los tres días del cóndor, que les dio un consejo: “Meteros como personajes en el libro, no lo contéis de forma fría y solo periodística”. Como si de un buen editor se tratase, Redford les estaba animando a hacer una obra de no ficción. 

Robert Redford
Robert Redford

Le hicieron caso y titularon el libro Todos los hombres del presidente, haciendo un guiño a la canción infantil sobre Humpty Dumpty (“All the king's horses and all the king's men, Couldn't put Humpty together again” / “Todos los caballos del rey y todos los hombres del rey, No pude volver a juntar a Humpty”). Y el libro fue un éxito, aunque no exactamente el material por el que Hollywood pujaba en el mercado editorial. Aquella enrevesada trama no era El padrino, El exorcista o Tiburón, precisamente. Aun así, Redford, que se iba a reservar le papel de Woodward, sabía que en el libro de los dos reporteros del Washington Post había un peliculón. Por eso, decidido, pidió cita en los despachos de los altos ejecutivos de los estudios. Y aunque era el maldito Robert Redford, una estrella, los ejecutivos pensaron que en el caso Watergate no había acción, sino solo dos tipos pegados a sus máquinas de escribir y a sus teléfonos y que llamaban a las puertas de las casas de la gente a horas intempestivas.
Ante la desesperación de Redford, que pensaba que no lo tomaban en serio a pesar del dineral que había hecho ganar a empresas como Paramount, Universal o Columbia, todos los estudios dijeron que esa historia era veneno para la taquilla.  

Todos menos Warner, que, tras mucho pensarlo, sí vio posible una película seria, con un repartazo y diga de una futura lluvia de Oscars. Una vez lograda la luz verde de Warner, El Washington Post dio su apoyo a la producción siempre que se cumpliese una petición del director Ben Bradlee, un tipo duro a la hora de negociar: nada de chorradas made in Hollywood. Redford le prometió que jamás vería algo parecido y también habló con Dustin Hoffman, que aceptó encantado interpretar a Bernstein, con el que le unía un evidente parecido físico. También llamó, para adaptar el libro, a William Goldman, guionista de Dos hombres y un destino y que quedó fascinado por lo diferentes que eran los dos protagonistas y el reto de hacer real el día a día del Washington Post. “Cualquier crítico de cine sabe lo que es una redacción, si no la reflejo con exactitud nos machacarán”, pensó.

El reparto de la película fue de los mejores de los años setenta. A Redford y Hoffman los rodearon grandes del cine como Jack Warden, Martin Balsam, Hal Holbrook, Ned Beatty o Jason Robards y F. Murray Abraham, el futuro Salieri de Amadeus, interpretó a uno de los asaltantes del Watergate. Por su parte, Redford y Hoffman lograron un gran dúo, se llevaron muy bien y en los ensayos tuvieron una gran idea para dar más naturalidad a su actuación: en ocasiones se pisarían, se interrumpirían al hablar, como hacemos todos en la vida real. El resultado fue perfecto.

"Obtén información más sólida la próxima vez". De todos los hombres del presidente.
Robert Redford, Jack Warden, Dustin Hoffman y Jason Robards 

Para fichar al director y al director de fotografía hubo pocas dudas. Se tanteó a John Schlesinger (Cowboy de medianoche), pero el director británico rechazó la película porque dijo, con gran criterio, que debía ser rodada por un americano. Redford prefería a Alan J. Pakula, director de Klute y El último testigo, iluminadas por el genial director de fotografía Gordon Willis, apodado “el príncipe de las tinieblas” (por su maestría en el manejo de la oscuridad) y que también había iluminado El padrino y su magistral secuela. Para el recuerdo queda el fabuloso plano en la Biblioteca del Congreso, para el que Willis usó un sistema de poleas para rodar un picado que convertía a los protagonistas en dos desdichados atrapados en una gigantesca tela de araña burocrática.      

Los exteriores de Todos los hombres del presidente, rodada del 12 de mayo al 16 de agosto de 1975, fueron localizados en Washington (en el Hotel Watergate, en el parque Lafayette, en Virginia Avenue y en el edificio J. Edgard Hoover), pero el garaje de las reuniones con “Garganta Profunda” es el del edificio de la cadena ABC, en California, donde también se construyeron la fabulosos decorados del filme. Lógicamente, era imposible rodar en el verdadero Washington Post, no se podía meter un gran equipo de cine que interfiriera el trabajo de la redacción. Así, Warner habilitó los platós 4, 5 11 y 15 de sus estudios en Burbank para recrear a la perfección la redacción del Post. Llegaron a tal nivel de puntillismo y autenticidad que trajeron, desde Washington, el interior de las papeleras del periódico.

Rodaje "Todos los hombres del presidente"
Rodaje de "Todos los hombres del presidente"

La película, que podéis recuperar en Filmin, fue un éxito de taquilla. Costó ocho millones y medio de dólares y recaudó más de setenta, ingresos que años más tarde mejoraron notablemente gracias a las ventas a televisión y al vídeo doméstico.
Las críticas fueron estupendas. Para el New York Times “una fascinante historia de detectives” y para Variety “una ingeniosa dirección de Alan J. Pakula y un guion de William Goldman que elimina gran parte del letargo dramático inherente a cualquier historia de reporteros”.

Pero en los Oscar se cometió un atropello. Rocky ganó el Oscar a la mejor película frente a filmes muy superiores como Todos los hombres del presidente, Taxi Driver o Network, una magnífica sátira sobre el poder de los conglomerados televisivos y el sensacionalismo. Redford y Hoffman ni siquiera fueron nominados, pero sí Sylvester Stallone. De locos. De ocho nominaciones, el filme de Pakula ganó dos Oscar: Mejor guion adaptado (Goldman) y Mejor actor secundario (Robards). 

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Dustin Hoffman
Dustin Hoffman

Todos los hombres del presidente sigue siendo el mejor relato del Watergate (sobre el que también podéis ver el documental El escándalo Watergate, en Movistar Plus+) y todavía es una película inspiradora que sigue proyectándose en las facultades de periodismo. En tiempos de cloacas, bulos, influencers o pseudoperiodistas, en la era de la futilidad de la información en las redes sociales, esta película se ve con nostalgia porque es una representación perfecta de los tiempos en los que los periódicos daban tiempo y recursos a sus empleados para hacer su trabajo, en los que los periodistas se respetaban y eran respetados.