Alvise y Pedro Sánchez

Claro que es vital frenar a la extrema derecha. El problema es que Sánchez y el PSOE han decidido hacer todo lo contrario. Ahora que todo el mundo va a empezar a hablar de Alvise, ningún demócrata puede perder esto de vista

Alvise (nombre real: Luis Pérez Fernández) no es antisistema ni antipartidos. Alvise empezó en UPyD, luego fue uno de los principales asesores de Toni Cantó en Ciudadanos y, hasta hace poco, estuvo tan cerca de VOX que no es ninguna exageración decir que estaba adentro. Alvise ha trabajado además con Hazte Oír —la sucursal española de Citizen Go, lobby internacional financiado por oligarcas del entorno de Putin— para montar las campañas de acoso a mujeres a las puertas de las clínicas abortivas. Alvise proviene de los partidos españoles que defienden el núcleo del sistema —es decir, los privilegios de los grandes poderes económicos— y se apoya en los grandes capitales transnacionales del fundamentalismo religioso.

Alvise tampoco ha salido de la nada —o de "las redes sociales"— por generación espontánea. En el plano más concreto, Alvise ha sido impulsado, entre otros medios ultraderechistas, por EDA TV de Javier Negre, un personaje profusamente financiado por Isabel Díaz Ayuso y promocionado, en sus inicios, por Ana Rosa Quintana. Algunos de sus socios en las campañas políticas que monta, como los escuadristas neonazis de Desokupa, han sido legitimados y promocionados por un elenco todavía más amplio de medios de comunicación de masas. Más 'sistema' que eso es difícil de conseguir. En el plano ideológico, Alvise tampoco puede resultar ninguna sorpresa. Después de que buena parte del poder mediático se haya dedicado a lo largo de estos años a propagar el odio hacia las personas migrantes, hacia los políticos de izquierdas, hacia las personas pobres, hacia las personas trans y hacia el movimiento feminista, era simplemente cuestión de tiempo que algún espabilado cogiera la cosechadora para recoger la siembra. El primero fue Rivera, pero se le subió el éxito a la cabeza. Después vino Abascal con los de El Yunque y la bandera del pollo. Pero la cosa con el odio es que siempre se puede ir más allá.

Ideológicamente, Alvise no es más que un nuevo aspirante a fascista que ha entendido lo que hay que hacer para convertir en votos los mensajes mediáticos con los cuales las grandes empresas de comunicación intentan acabar con la izquierda. En términos de táctica, a su vez, Alvise no es más que un mentiroso profesional. La lista de bulos que ha difundido a lo largo de estos años es prácticamente interminable: la UVI móvil en la puerta de la casa de Irene Montero y Pablo Iglesias durante la pandemia, el respirador que habían entregado a Manuela Carmena en su casa para que no tuviera que ir a un hospital público, la falsa PCR de Salvador Illa, el video manipulado de Jenni Hermoso para intentar defender a Rubiales, la acusación a un inocente de matar a los guardias civiles de Barbate, los gitanos que asesinaron al joven Álvaro Prieto (que realmente murió electrocutado por las catenarias del tren) o, más recientemente, la publicación de resultados falsos de las elecciones europeas, denunciando fraude al estilo de Trump. Mentiras repugnantes que solamente buscan activar el sesgo de confirmación de los prejuicios más odiosos que, previamente, el poder mediático se ha encargado de instalar en las mentes de una parte de la población. Y, obviamente, con total impunidad. Ya que todo el mundo sabe en España que, si la mitad de estos actos hubiesen sido cometidos por una persona de izquierdas, hace mucho tiempo que estaría en prisión.

Todo el mundo sabe en España que, si la mitad de estos actos hubiesen sido cometidos por una persona de izquierdas, hace mucho tiempo que estaría en prisión

Una impunidad que, por supuesto, proviene en buena medida del control que el bloque reaccionario —afín ideológicamente a Alvise— ejerce sobre los poderes mediático y judicial pero que también tiene mucho que ver con la inacción de un PSOE que prefiere mantener a los ultras fuera de la cárcel y como una amenaza política abstracta para así rentabilizar electoralmente el miedo a su ascenso. Ayer mismo, sin ir más lejos, una jueza dictaba una orden de localización contra Vito Quiles, colaborador de Javier Negre, jefe de prensa de Alvise, miembro de su papeleta para las europeas, sicario mediático reconocido por su violencia en toda la profesión y periodista acreditado en el Congreso durante años, primero por Meritxell Batet y ahora por Francina Armengol. Al conocer la noticia, Alvise amenazó a la jueza y Quiles fue fotografiado huyendo de la sede de la soberanía popular, eso sí, con su acreditación oficial todavía vigente y a buen recaudo en su bolsillo. Esa misma mañana, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, dejaba completamente claro en la sesión de control qué es lo que piensa hacer respecto de Alvise, mencionando su nombre en repetidas ocasiones junto al de Feijóo y Abascal en un mensaje prefabricado que, obviamente, traía preparado de casa.

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La respuesta a esta incógnita, no obstante, ya la conocíamos desde hace días, cuando, tras volver de sus cinco días de reflexión, explicó en rueda de prensa en las escalinatas de la Moncloa que no va a hacer absolutamente nada contra las prácticas golpistas de los reaccionarios más que utilizar su existencia para movilizar el voto hacia el PSOE. Como ya hiciera Pedro Sánchez con VOX en aquellas elecciones andaluzas de 2018, los socialistas no van a hacer nada para frenar a la extrema derecha. Al entender que la mejor táctica electoral que tienen disponible —muy especialmente cuando han renunciado a llevar a cabo una acción política que permita a la gente avanzar en derechos— es la de agitar el miedo a los ultras, los de Sánchez y sus medios de comunicación afines no van a hacer otra cosa que lo que llevan haciendo durante los últimos seis años: alimentar su crecimiento por la vía de colocarlos permanentemente en el centro del foco.

Para frenar a delincuentes como Alvise y a neofascistas como Abascal, no hay otra opción que incrementar la influencia política de aquellas fuerzas que están dispuestas a llevar a cabo las profundas reformas estructurales en el sistema judicial y mediático que son necesarias para evitar verdaderamente la catástrofe y volver a poner a dormir a los monstruos que asolaron Europa hace algo más de 80 años. Claro que es vital frenar a la extrema derecha. El problema es que Sánchez y el PSOE han decidido hacer todo lo contrario. Ahora que todo el mundo va a empezar a hablar de Alvise, ningún demócrata puede perder esto de vista.