Catalunya: posibles escenarios

La contundente victoria del PSC parece confirmar la estrategia elegida por el PSOE. Habrá que ir analizando los movimientos de unos y de otros en los próximos días para que la niebla se vaya disipando
Hemiciclo vacío antes del inicio de una sesión plenaria en la que se debatirá la gestión de las residencias para personas mayores y para personas con discapacidad durante la pandemia del COVID-19, en Barcelona, Catalunya (España), a 7 de julio de 2020.
David Zorraquino / Europa Press
(Foto de ARCHIVO)
07/7/2020
David Zorrakino / Europa Press

Ayer tuvieron lugar las decimoterceras elecciones al Parlament de Catalunya desde la recuperación de la democracia y la primera conclusión que podemos extraer de los resultados es que se ha producido una importante reconfiguración del tablero político.

Con el 95% del voto escrutado, independentismo en su conjunto ha sufrido un importante retroceso global, pasando de los 74 escaños con los que contaba en el anterior Parlament —6 por encima de la mayoría absoluta— a los 61 que tiene ahora (y eso si incluimos en esta suma los 2 escaños del partido ultraderechista Aliança Catalana, con el que todos se han comprometido a no pactar). En términos de voto popular, la debacle conjunta del bloque independentista ha sido nada más y nada menos que de 9 puntos porcentuales, pasando de algo más de un 48% a algo más de un 39%.

Dentro del bloque, la mayor caída con diferencia se la lleva ERC, que pasa de 33 escaños a 20 y de un 21% a un 13,6%. Es evidente que la decisión de Pere Aragonès de adelantar las elecciones fue un error para los intereses de su propio partido. Por su parte, la CUP ve reducido su peso político aproximadamente a la mitad, algo que se nota más en términos de escaños que en términos de voto popular. Los únicos dos partidos independentistas que aumentan su representación son, por un lado, Junts, que pasa de 32 escaños a 35 y de un 19,8% a un 21,5%, consolidándose claramente como la segunda fuerza del país y, por otro lado, los ya mencionados ultraderechistas de AC, que entran por primera vez en el Parlament con 2 escaños y aproximadamente el 4% de los votos.

En el bloque españolista, las cosas son bien diferentes. De un total de 53 escaños en el anterior Parlament y un 39,5% de los votos agregados, han pasado a 68 escaños y un 47,5% del voto.

El crecimiento global de este bloque permite a todos los partidos del mismo aumentar su representación, excepto a Ciudadanos, que desaparece finalmente del mapa. Así, el PSC —el ganador de las elecciones— pasa de 33 escaños y un 22,7% del voto a 42 escaños y un 28%; el PP también experimenta una subida muy significativa, pasando de 3 escaños a 15 y de un 3,8% del voto a un 10,9%; por último, también experimenta un crecimiento, aunque mucho más modesto, VOX, que se mantiene en sus 11 escaños y pasa de un 7,6% de los votos a un 8%. El resultado es, sin embargo, agridulce para los de Abascal, que se ven superados por su competidor directo. Por otro lado, la contundente victoria del PSC parece confirmar la estrategia elegida por el PSOE para Catalunya.

Finalmente, la candidatura de los Comunes-Sumar —que cambió en estas elecciones de socios, rompiendo con Podemos y aliándose con Yolanda Díaz— corrobora la trayectoria descendente del nuevo espacio creado por la gallega y sus partidos aliados y pasa de un 6,8% de los votos a un 5,8%, perdiendo dos escaños, de 8 a 6; el peor resultado histórico de la izquierda no independentista en Catalunya desde 1999.

A partir de estos datos, ¿cuáles serían los principales escenarios?

En primer lugar, podemos prácticamente descartar la posibilidad de que se forme un gobierno independentista similar al que tuvo lugar en la legislatura pasada (en sus dos fases, con y sin Junts). Es cierto que el PSC podría teóricamente abstenerse para permitir un gobierno de coalición entre Junts y ERC —o incluso un gobierno de los de Puigdemont en solitario—, pero no parece una posibilidad que tenga una gran viabilidad política a la luz de los resultados. Sin embargo, es esta la opción por la cual parece que los de Puigdemont han decidido presionar ya desde la misma noche electoral.

Otra opción a priori permitida por la aritmética —aunque absolutamente al límite por apoyarse en una mayoría de exactamente 68 escaños; justo la mayoría absoluta— sería una investidura de Salvador Illa y la formación de un gobierno, bien del PSC en solitario, bien conformado también por consejerías de ERC y/o de Comuns-Sumar y apoyado precisamente en la mayoría progresista que conforman estas tres fuerzas. Si la CUP accediese a facilitar este tipo de esquema, quizás mediante una abstención, los números no serían tan estrechos y la estabilidad un poco mayor. En cualquier caso, el incluir a ERC en una mayoría de gobierno junto al PSC, seguramente dificultaría mucho a Junts el poder seguir funcionando como apoyo parlamentario a Pedro Sánchez en el Congreso.

Una configuración que es inevitable considerar ya que produce una mayoría absoluta holgada es la que se obtiene de sumar los escaños del PSC y Junts. En el caso de que fuera viable políticamente un acuerdo de este tipo, estaríamos hablando de un gobierno sustentado solamente en dos partidos y con 9 escaños por encima de la mayoría absoluta. Cualquiera de las tres opciones para que esto cristalice —gobierno de coalición PSC-Junts, los de Puigdemont haciendo president a Illa (algo que produciría la salida de su líder de la política, como ha dejado claro en campaña) o el PSC haciendo president a Puigdemont para que Junts gobierne en solitario— se antojan enormemente complejas. Pero son escenarios que no debemos descartar por completo en un momento tan preliminar.

Por último, cabría considerar la posibilidad de que tanto Junts como ERC se abstuvieran para dejar gobernar al PSC en solitario —algo similar a lo que ya ocurre en el ámbito estatal— y que, después de la investidura, se estableciera un esquema de apoyos variables. Esta configuración presenta ciertas ventajas, pero también, como todas las demás, importantes inconvenientes. El más grande de ellos la necesidad de visualizar que dos partidos independentistas permitan la investidura de un president abiertamente contrario no solamente a la independencia, sino incluso a que los catalanes puedan votar en referéndum.

Habrá que ir analizando los movimientos de unos y de otros en los próximos días para que la niebla se vaya disipando y alguno de estos escenarios emerja como más probable que los demás. En todo caso, nada parece indicar que vaya a haber movimientos significativos antes de las elecciones europeas del próximo 9 de junio.

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