"Estamos en unos costes de defensa que son bajos"

Es mentira que España presente un gasto militar bajo con respecto a otros países. Es una afirmación falaz basada en que la mayor parte del gasto militar en España es opaco. Pero este no es el único problema que tienen las palabras de Mónica García

Este miércoles por la mañana, la Ministra de Sanidad de la cuota Más Madrid/Sumar, Mónica García, era entrevistada en Telecinco y Ana Terradillos le preguntaba "cómo se le había quedado el cuerpo a Sumar" ante lo que la periodista amiga de Villarejo denominó "el aumento del coste en defensa". Con estas palabras, Terradillos se estaba refiriendo a la sorpresiva aprobación en el Consejo de Ministros del pasado martes de una partida de 1.129 millones de euros en armamentoel doble del presupuesto anual del Ministerio de Igualdad—, utilizando un mecanismo extraordinario que permite al gobierno soslayar el hecho de que los Presupuestos Generales del Estado han sido prorrogados así como evitar una votación parlamentaria que podrían perder.

En vez de manifestar su oposición política a la aprobación de esta partida y referirse al hecho, por todos conocido, de que el PSOE es el partido sobre el cual recaen las competencias de defensa y también la parte mayoritaria del gobierno, Mónica García justificó los 1.129 millones en armamento con las siguientes palabras: "Bueno, por lo que yo sé, eh, España está en un coste de defensa bastante… inferior, ¿no? Quiero decir, que estamos en unos costes de defensa que son bajos, eh, y bueno, pues, no, no, no, no me sé exactamente, eh, los datos, pero, bueno, quiero decir, que, en relación a otros países, tenemos costes de defensa y los costes de defensa, pues bueno, siempre están ahí en el presupuesto, esto es innegable."

Estas declaraciones tienen, al menos, dos problemas. El primero, que es mentira que España presente un gasto militar comparativamente bajo con respecto a otros países. Se trata de una afirmación falaz basada en el hecho contrastado de que la mayor parte del gasto militar en España es opaco y, por lo tanto, las cifras oficiales que se suelen citar en público suponen una burda infraestimación del gasto real. Si nos fijamos, por ejemplo, en el año pasado, aunque el presupuesto oficial en el epígrafe de Defensa fue de 12.827 millones —un 0,97% del PIB—, ya la propia Intervención General de la Administración del Estado (IGAE) cuantificaba en noviembre de 2023 un gasto real de 15.250 millones —un 1,04% del PIB—. Esta cifra, sin embargo, tampoco es verdad. De hecho, tanto la OTAN como el Banco Mundial añaden unos cuantos miles de millones más a la partida. Entidades independientes, como el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) o el Centre Delàs d'Estudis per la Pau, incluyen en sus cálculos numerosas partidas ocultas en otros ministerios y estiman que sería más preciso hablar de un gasto real de 27.617 millones —un 1,89% del PIB—. Si tenemos en cuenta otros elementos, como por ejemplo el servicio de la deuda que hemos contraído debido al gasto militar, existen detallados estudios, como el del Grup Antimilitarista Tortuga, que señalan que, probablemente, sería más preciso hablar de una cifra en torno a los 48.800 millones —un 3,34% del PIB—. Si recordamos el guarismo totémico del 2% que nos exige Estados Unidos para formar parte del club de la OTAN o si acudimos a cualquier tabla de comparación por países, podemos comprobar que —después de devolver a la superficie el gasto oculto— la afirmación de Mónica García resulta ser falsa.

En vez de manifestar su oposición política a la aprobación de esta partida y referirse al hecho, por todos conocido, de que el PSOE es el partido sobre el cual recaen las competencias de defensa y también la parte mayoritaria del gobierno, Mónica García justificó los 1.129 millones en armamento

Pero este no es el único problema que revisten las palabras de la ministra de Más Madrid/Sumar en Telecinco. Porque, incluso aunque diésemos por bueno el hecho —falso— de que España tiene un gasto militar comparativamente inferior al de países homologables con el nuestro, la pregunta sería entonces ¿homologables en qué? Si lo que nos está queriendo decir Mónica García es que todavía habría que aumentar en varios miles de millones la partida militar en España para poder compararnos, por ejemplo, con Francia, ¿en qué planteamiento de izquierdas cabe la noción de que esa convergencia debería producirse prioritariamente en el ámbito de la guerra y no, por ejemplo, en el ámbito de la sanidad; donde los franceses nos superan por unos cuantos puntos del PIB? Y, si eso no es lo que está diciendo García, si ella lo que piensa es que hay que converger en ambos epígrafes, ¿entonces eso significa que vamos a ver en las próximas semanas aumentos extraordinarios de varios miles de millones en las partidas de sanidad en el Consejo de Ministros? Nos tememos que no.

Porque lo que realmente traslucen las palabras de García es que, cuando todos los cañones mediáticos aprietan y amenazan con expulsar fuera de la ventana de Overton —y de las entrevistas en la televisión— a cualquiera que se atreva a negar el relato hegemónico, la mayoría de los partidos deciden agachar la cabeza y repetir el argumentario de los poderosos. Y, de tanto repetirlo, acaban creyéndoselo.

Es importante ser conscientes de esto porque vivimos en una época en la cual la dinámica de los que mandan sin presentarse a las elecciones está llevando a la Unión Europea y a España cada vez más cerca de la guerra. Las palabras de Mónica García no son una anécdota más, sino un signo de los tiempos. Una preocupante señal de alarma que nos dice a los demócratas, a los pacifistas, a las personas de izquierdas, que tenemos que tener mucho cuidado cuando elegimos a nuestros representantes. En algo menos de dos meses, estamos todos llamados a las urnas europeas y esta, precisamente, es la pregunta más importante que tenemos que contestar votando: ¿"estamos en unos costes de defensa" que son bajos —como afirma la ministra de Sumar— o "estamos en unos costes de defensa" que son, por el contrario, peligrosamente altos?

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