La falsa conferencia de paz de Suiza

Las destacadas ausencias, así como las declaraciones de, Lula Da Silva o Gustavo Petro, dejando claro que estamos ante una cumbre para organizar la continuidad de la guerra, revelan que el intento de engaño no ha funcionado
El lujoso hotel de Bürgenstock, en el cantón suizo de Nidwald, a los pies de los Alpes
El lujoso hotel de Bürgenstock, en el cantón suizo de Nidwald, a los pies de los Alpes

En estos días, numerosos líderes mundiales se reúnen en el lujoso hotel de Bürgenstock, en el cantón suizo de Nidwald, a los pies de los Alpes. Un espectador mal informado, viendo que la reunión se lleva a cabo en el país tradicionalmente neutral por excelencia y teniendo en cuenta que muchos medios de comunicación la han denominado "conferencia de paz", pueden tener la errónea impresión de que los allí congregados están, efectivamente, trabajando por la paz. Pero nada más lejos de la realidad.

Para empezar, cualquier persona que tenga el más mínimo conocimiento respecto de cualquiera de las negociaciones de armisticio que en la historia se han celebrado sabe que no tiene absolutamente ningún sentido decir que se está trabajando para el final de una guerra entre dos países cuando uno de los dos —en este caso, Rusia— no está presente.

Pero es que, además, una de las potencias mundiales fundamentales para poder establecer los mimbres de un acuerdo, como es China, ha declinado también asistir. Estados Unidos ni siquiera ha enviado a su presidente Joe Biden —quizás por miedo a que se quede mirando hacia el vacío o extienda su mano a alguna persona imaginaria— sino a la vicepresidenta Kamala Harris, la mayoría de los países asiáticos no han enviado representación, tampoco muchos de los países del Sur Global y varios de los estados que han asistido lo han hecho con una representación de segundo nivel.

Es evidente que la propuesta de armisticio comunicada por Vladimir Putin poco antes del comienzo de la cumbre suiza —la retirada definitiva de las tropas ucranianas de las regiones de Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiyia y el compromiso explícito de Ucrania de no ingresar en la OTAN— es una propuesta de máximos que, en este momento, Zelenski no está dispuesto a aceptar. Pero, al mismo tiempo, no hay ninguna necesidad de intentar engañar al conjunto de la opinión pública presentando una reunión de aliados de Kiev como si fuera una "conferencia de paz".

No hay ninguna necesidad de intentar engañar al conjunto de la opinión pública presentando una reunión de aliados de Kiev como si fuera una "conferencia de paz"

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Las destacadas ausencias, así como las declaraciones del presidente de Brasil, Lula Da Silva, o del presidente de Colombia, Gustavo Petro, dejando claro que estamos ante una cumbre para organizar la continuidad de la guerra, revelan que el intento de engaño no ha funcionado.

Es legítimo que Estados Unidos y los países aliados de la OTAN quieran seguir apostando por una escalada bélica, la muerte de más y más ciudadanos ucranianos y rusos, la destrucción de importantes infraestructuras —sobre todo, a este lado de la frontera—, la disrupción de las cadenas de suministro, el aumento del precio de los alimentos y la energía en Europa y, lo que es todavía más grave, la posibilidad de una guerra abierta entre potencias nucleares si se siguen cruzando líneas rojas como propone abiertamente, por ejemplo, el presidente francés Emmanuel Macron. Es irresponsable, es muy peligroso y es quizás una trayectoria suicida para los intereses europeos, pero es una posición política que sus adeptos están en todo su derecho de defender.

No obstante, el conjunto de la opinión pública mundial y también los países que no están en esa estrategia también tienen derecho a que no se insulte su inteligencia. Si la reunión en Suiza no es otra cosa que la continuación de la reunión del G7, en la cual prácticamente los mismos protagonistas decidieron utilizar los activos rusos congelados por la Unión Europea para entregar a Ucrania un préstamo de 46.000 millones de euros que pueda permitir la continuación del esfuerzo bélico por parte del gobierno de Zelenski, entonces no hacía falta celebrarla en el cantón de Nidwald y hacerla pasar por una "conferencia de paz". Perfectamente podría haberse celebrado en la sede de la OTAN en Bruselas y haberla descrito como lo que realmente es: una reunión para seguir alimentando la guerra.

Todas las conversaciones de paz son enormemente difíciles y nadie está diciendo que las conversaciones que en algún momento puedan poner fin a la guerra de Ucrania lo vayan a ser menos. Pero, para que pueda haber la más mínima esperanza de que puedan tener éxito, ambas partes tienen que abandonar sus respectivas campañas de comunicación política y sentarse seriamente a trabajar. Mientras Kiev y Moscú no estén dispuestos a ello, el resto de países no deberían prestarse al inmoral y patético teatro que representa decir que se está trabajando para la paz cuando se está haciendo todo lo contrario.