El Gobierno de Macron impide de manera fulminante las ocupaciones propalestinas en las facultades francesas

Las autoridades en Francia se oponen a través de la acción policial y duras críticas a las protestas de los estudiantes por la guerra de Gaza
La policía custodia el ingreso a la Sorbona en París — Max Ludwig / Zuma Press / ContactoPhoto

El Gobierno francés de Emmanuel Macron quiere impedir que las protestas estudiantiles se conviertan en un incordio en su apoyo subliminal a Israel en la guerra de Gaza. La multiplicación de ocupaciones en campus en Estados Unidos —unas 40 facultades están (o han sido) ocupadas— es en estos momentos una piedra en el zapato para Joe Biden, presidente de Estados Unidos. Al otro lado del Atlántico, las autoridades galas parecen dispuestas a recurrir a todo tipo de medios para evitar que se reproduzca un fenómeno parecido.

Acusaciones de antisemitismo, retiradas de subvenciones públicas, despliegue de los antidisturbios… Es larga la lista de los métodos utilizados en Francia para impedir que emerja un potente movimiento estudiantil en apoyo a Palestina. La ministra francesa de Universidades, Sylvie Retailleau, pidió el jueves a los presidentes de los distintos centros que “mantengan el orden” y que utilicen “todo el espectro de los poderes que da el código educativo”, como las sanciones disciplinarias. Aunque las acciones propalestinas en las facultades en Francia empezaron hace meses, han ganado en repercusión mediática debido al espejo estadounidense y la hostilidad por parte del macronismo, la derecha republicana y los grandes medios.

“Poco a poco el movimiento está creciendo y espero que en otras facultades no sea tan difícil ocupar”, explicaba a Diario Red Thomas, de 23 años, un estudiante de Filosofía en la Sorbona. Era el pasado lunes por la tarde y decenas de jóvenes se habían concentrado enfrente de la histórica universidad de París. Ese mismo día, un intento de ocupación del patio de la Sorbona había sido desalojado de manera fulminante. Apenas dos horas después de que los universitarios pusieran sus tiendas de campaña en esa facultad en el Barrio Latino parisino, los antidisturbios intervinieron para sacarlos arrastrándolos.

“Antes la policía no entraba tan fácilmente” en las universidades

“Antes la policía no entraba tan fácilmente en las facultades”, lamentaba Ileana Tégnier, de 24 años, una joven abogada que estaba entre los concentrados enfrente de la Sorbona. “La independencia de las universidades está en peligro. Esto representa, sin duda, un problema para la democracia”, criticaba Thomas, quien explicó ser de confesión judía. Lo decía en referencia a lo ocurrido en la histórica universidad de París, pero también en muchos otros centros universitarios de Francia.

En varios campus en la capital francesa (Sciences Po, Sorbona, Tolbiac…), pero también en Toulouse, Rennes, Lille, Lyon o Saint-Etienne, las autoridades han recurrido a los antidisturbios o cierres preventivos de las universidades para evitar las acampadas o las acciones de bloqueo en los accesos. Parece ser una prioridad para ellas frustrar cualquier tipo de ocupación de las facultades, uno de los métodos de protesta más eficaces para los universitarios, que cuando hacen huelga no afectan la economía. “Si las ocupaciones duraran más tiempo, se sumarían a ellas un mayor número de estudiantes. Hay una voluntad por parte del Ejecutivo de aplacar cualquier destello de estallido social de los jóvenes”, explica Michel Fize, especialista sobre la juventud e investigador emérito en el CNRS.

La policía ya había intervenido la semana pasada para impedir dos intentos de ocupación en Sciences Po París. Primero, los antidisturbios sacaron a rastras a unos 60 estudiantes durante la noche del 24 al 25 de abril. Dos días después, otra acción similar duró menos de 24 horas tras un acuerdo entre colectivos propalestinos y la dirección interina, alcanzado ante la presión de los antidisturbios desplazados y preparados para desalojarlos. Y este viernes los agentes desalojaron de nuevo a unos 50 integrantes de esa universidad, algunos de los cuales han iniciado una huelga de hambre.

Bulos y retirada de subvenciones

Buena parte de las miradas en Francia están puestas en los estudiantes de esta prestigiosa facultad concertada, que han sido tachados de “antisemitas”, “wokistas” y de “minoría radical”. “Nunca habrá un derecho al bloqueo y nunca toleraremos la acción de una minoría agitadora, peligrosa y que intenta imponer las reglas y una ideología del otro lado del Atlántico”, dijo el primer ministro Gabriel Attal, de 34 años, quien hace poco más de una década también estudiaba en Sciences Po y se dedicaba a ocupar y boicotear actos. El responsable del Ejecutivo insistió en el argumento de reprochar a los estudiantes que importen una ideología woke, un concepto instrumentalizado en Francia para demonizar la izquierda y la defensa de las minorías (antirracismo, LGBTI…).

La ensayista y tertuliana Chloé Morin, exasesora del socialista Manuel Valls (cuando ejercía como primer ministro), ya había dicho en marzo que el problema de esa facultad de Ciencias Políticas era que “la mitad de sus estudiantes son extranjeros”. “No es verdad que los estudiantes propalestinos representen una minoría en Sciences Po y la mayoría de ellos sean extranjeros. Se trata de una campaña de desinformación”, construida a base “de discursos ultraderechistas como insinuar que aquellos que vienen de fuera provocan el caos”, critica Lucía de Castro, 23 años, una joven española que está terminando un máster en seguridad internacional en esa universidad.

Pese a la caricatura hecha de los estudiantes propalestinos, la presidenta de la región parisina, la conservadora Valérie Pécresse, justificó a base de esas acusaciones, incluido el clásico argumento infundado del antisemitismo, la decisión de suspender una subvención de un millón de euros para Sciences Po. En cambio, el Ejecutivo macronista ha mantenido su financiamiento de 75 millones.

Además de la retirada de una parte de los fondos, la represión contra estas movilizaciones se ha visto reflejada en fake news. Por ejemplo, un bulo elaborado a partir de la inteligencia artificial, y compartido en las redes por el diputado conservador Philippe Juvin, que presentaba a los jóvenes movilizados vestidos de negro y haciendo el saludo nazi. O la alambicada y barroca crítica, iniciada por el intelectual atlantista Raphaël Enthoven, a los universitarios que se pintan las manos con pintura roja. Una acción hecha para denunciar las atrocidades israelíes en Gaza —ya se han cobrado más de 34.000 vidas humanas—, pero que, según algunos tertulianos excitados, se trata de un homenaje a los milicianos de la Segunda Intifada.

Denuncia del silenciamiento de las voces propalestinas

“Estamos cansados de este tratamiento mediático”, aseguraTégnier, una de las jóvenes movilizadas. Además de pedir un alto el fuego y que las universidades francesas dejen de colaborar con aquellas israelíes que participan en el “genocidio”, las protestas estudiantiles critican “la voluntad del Gobierno de amordazar las voces propalestinas”, recuerda Erell Bleuen, de 24 años, una militante de Révolution Permanente (una escisión del Nuevo Partido Anticapitalista). Las vulneraciones del derecho de manifestarse o la libertad de expresión han resultado recurrentes durante los últimos meses en Francia en relación con el conflicto en Oriente Medio.

De hecho, las movilizaciones estudiantiles han coincidido con el polémico interrogatorio el martes por “apología del terrorismo” de la diputada Mathilde Panot, presidenta del grupo parlamentario de la Francia Insumisa (afines a Podemos o Sumar), así como de la activista franco-palestina Rima Hassan, presente en la lista de la izquierda insumisa para las elecciones europeas. El Tribunal de Lille condenó hace dos semanas a una pena de un año de prisión condicional a un sindicalista de la CGT por un simple manifiesto, que relacionaba los ataques de Hamás del 7 de octubre con la ocupación de los colonos judíos. La justicia francesa investiga hasta 250 personas por mensajes en apoyo a Palestina formulados el pasado otoño.

“La represión dará una resonancia a esta causa más allá de los círculos militantes”, sostenía Martha, de 29 años y que trabaja en el sector humanitario, durante la manifestación del 1 de mayo en París. Bastante menos multitudinario que el año pasado en que tuvo lugar en medio de la ebullición social por la impopular reforma de las pensiones, este tradicional desfile se caracterizó tanto por la presencia de jóvenes como de banderas de Palestina. Los universitarios quieren aportar savia nueva a las protestas por la guerra de Gaza. Y convertirse en una piedra en el zapato no solo para Biden, sino también para Macron.

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