La izquierda francesa avanza hacia la unión, mientras que la derecha republicana se acerca a Le Pen

Los partidos se posicionan para las elecciones legislativas convocadas de manera anticipada por Macron, que podrían convertirse en un duelo entre el nacionalismo radical y las formaciones progresistas

Alexis Sciard / Zuma Press / ContactoPhoto

La frenética campaña de las elecciones legislativas en Francia facilita decisiones que parecían improbables hasta hace pocos días. El presidente francés, Emmanuel Macron, reaccionó al batacazo de su partido en las europeas —apenas el 14,6% de los votos, menos de la mitad que la ultraderecha de Marine Le Pen (31,4%)— convocando comicios anticipados para el 30 de junio (primera vuelta) y el 7 de julio (segunda). Ese anuncio ha limitado a 21 días la preparación de los comicios y solo a una semana la de las listas, que deberán cerrarse antes del domingo por la noche. Por primera vez desde 1997, Francia celebrará unas elecciones parlamentarias anticipadas. Y la campaña ha empezado como una montaña rusa informativa.

Quizás Macron confiaba con coger con el pie cambiado a sus adversarios con este calendario tan ajustado, pero en realidad las prisas han favorecido que la oposición tome decisiones sorprendentes: la izquierda va camino de recuperar su alianza unitaria, que muchos analistas ya daban por enterrada, mientras que algunos sectores de la derecha republicana —de momento, minoritarios— apuestan por romper el cordón sanitario y pactar con la Reagrupación Nacional (RN, extrema derecha) de Le Pen.

“Desde el domingo por la noche (…) han caído las máscaras”, aseguró el miércoles Macron en una rueda de prensa en que explicó los motivos de su polémica convocatoria de comicios anticipados, justo después de que el lepenismo obtuviera el mejor resultado en sus 52 años de historia. El presidente se mostró muy crítico con las nuevas alianzas que se están constituyendo. Las elecciones de este verano representarán, según él, “una prueba de realidad entre aquellos que eligen hacer prosperar su cortijo y aquellos que quieren que prospere Francia”. Además, insistió en el clásico discurso macronista de los “extremos”. Consiste en poner en el mismo saco a la extrema derecha y la izquierda, una estrategia que allana el camino para los ultras.

“Debemos cambiar nuestro destino ocupando las calles y las urnas”

Sin embargo, ante el peligro real de la llegada al poder del ultranacionalismo y la xenofobia, los partidos de izquierdas han movido con celeridad sus piezas. Avanzan hacia una coalición unitaria que han rebautizado “Frente Popular”. “Nos hemos puesto de acuerdo sobre la idea de un Frente Popular”, aunque “todavía queda mucho trabajo”, aseguró el lunes por la noche la secretaria general de Los Ecologistas (nuevo nombre de los verdes), Marine Tondelier, apenas 24 horas después de la convocatoria de los comicios. Hizo esas declaraciones tras una reunión en la sede de su formación entre dirigentes de la Francia Insumisa (afines a Podemos o Sumar), el Partido Socialista (PS), los verdes y los comunistas.

En ella se alcanzó un acuerdo preliminar para presentar candidaturas unitarias en cada una de las 577 circunscripciones. Defenderán “un programa de ruptura” que sirva para responder “a las urgencias democráticas, ecológicas, sociales y para la paz”, según el comunicado firmado por las cuatro principales formaciones de la gauche

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De momento, se trata de un pacto preliminar, pero asienta las bases para reanudar una alianza parecida a la NUPES, con la que se presentaron en las legislativas de 2022. Esa coalición, liderada por Jean-Luc Mélenchon, acabó con décadas de divisiones infructíferas en la izquierda y permitió a las fuerzas progresistas convertirse en el primer espacio de oposición en la Asamblea Nacional. Además, dejaron sin mayoría absoluta al macronismo, algo poco habitual para un partido presidencial. A pesar de ello, verdes, comunistas y socialistas decidieron romper la NUPES de cara a las europeas, lo que facilitó la imponente victoria de la ultraderecha.

“La decisión que debemos sacar de esos comicios no es una venganza constante (…), tenemos que lanzar al río todos los rencores”, defiende Mélenchon en la última publicación en su blog en que se felicita por el acuerdo preliminar (L’Union de nouveau  - Melenchon.fr). La amenaza de la llegada al poder de los ultras ha favorecido el pragmatismo de los dirigentes progresistas. La voluntad de componer un “Frente Popular” evoca el imaginario del Gobierno unitario de izquierdas entre 1936 y 1938, que logró grandes avances sociales, como las vacaciones pagadas. Entonces, esa alianza ya había surgido como una reacción a la irrupción del fascismo por parte de las distintas familias de la izquierda política, pero también por el movimiento obrero en las calles.

Tras el triunfo del lepenismo el domingo —fue la opción más votada en todas las regiones de la Francia metropolitana, incluida la de París—, se han multiplicado los manifiestos pidiendo un acuerdo unitario a las fuerzas progresistas. Unas 350 personalidades, entre ellas la escritora Annie Ernaux, la actriz Anna Mouglalis o el economista Thomas Piketty, publicaron una tribuna (« L’union des gauches et des écologistes, maintenant ! » : l’appel de 350 personnalités du monde politique, intellectuel, militant et artistique (lemonde.fr)) el lunes en que pidieron un “electrochoque” para hacer frente a la extrema derecha.

“No son los sondeos los que determinan las elecciones. Debemos cambiar nuestro destino ocupando las calles y las urnas el 30 de junio”, defendió Sophie Binet, la secretaria general de la CGT, el segundo sindicato con un mayor número de afiliados. Las principales organizaciones sindicales han convocado manifestaciones para el sábado en el conjunto del territorio galo. No solo quieren presionar a los partidos de izquierdas para que culminen su acuerdo, sino también movilizar a la sociedad ante el peligro real de una cohabitación entre Macron y un Gobierno encabezado por Jordan Bardella, la mano derecha de Le Pen.

¿Quién liderará el “Frente Popular”?

Ante esa amenaza, los partidos de izquierdas han avanzado en un programa común para el nuevo “Frente Popular Ecológico y Social”. Debido a las prisas, será menos detallado que el de la NUPES, pero conservará la misma apuesta por un socio-ecologismo radical y una ruptura con el neoliberalismo. Estoy a favor de una edad legal de jubilación a los 60 años para todos los franceses”, declaró el martes el secretario general del PS, Olivier Faure, en el plató de TF1 sobre una de las propuestas emblemáticas de la NUPES y que estará presente en el nuevo programa.

Ya se han posicionado en contra del acuerdo algunos representantes de los sectores más moderados del PS, por ejemplo, exministros de Hollande; la alcaldesa de París, Anne Hidalgo; o el atlantista Raphaël Glucksmann, candidato de esta formación en las europeas, en que obtuvo un buen resultado (13,8%) pero tampoco extraordinario (Raphaël Glucksmann, el atlantista apoyado por los medios para debilitar a Mélenchon (diario.red)). Salvo una sorpresa mayúscula, estas voces disidentes no impedirán la alianza, en que la izquierda insumisa se mantendrá como fuerza motriz y hegemónica a nivel ideológico. El partido de Mélenchon se presentará en 230 circunscripciones, los socialistas en 175, los verdes en 92 y los comunistas en 50, según un principio de acuerdo alcanzado el miércoles.

En cambio, hay más discrepancias respecto al liderazgo de este “Frente Popular”. Una parte del aparato de los socialistas, verdes y comunistas quiere que Mélenchon dé un paso atrás, pese a tratarse del dirigente que hizo posible la NUPES. Los nombres de François Ruffin, un mediático diputado insumiso, o Laurent Berger, el ex responsable del sindicato moderado CFDT, han sonado como posibles nuevos líderes. Esta alianza tendrá probablemente una dimensión más colectiva que la NUPES, cuya campaña estuvo marcada por la figura de Mélenchon quien evitó el declive de la izquierda gracias a su buen resultado en las presidenciales de 2022 (tercero, con el 22%). Y podría dar un mayor peso a figuras procedentes del mundo sindical y del resto de la sociedad civil.

Incendio en LR por los titubeos con Le Pen

Difícilmente, estos actores sociales podrán ponerse de perfil ante las vertiginosas intenciones de voto de la extrema derecha. La RN obtendría hasta el 35% de los votos (16 puntos más que en 2022) en la primera vuelta del 30 de junio, mientras que la izquierda conseguiría el 25% (el mismo porcentaje) y la coalición de Macron el 18% (siete puntos menos), según un sondeo del instituto Ifop, publicado el martes por el diario conservador Le Figaro (Législatives : le RN largement en tête devant la gauche, le camp Macron loin derrière… Découvrez le sondage du Figaro (lefigaro.fr)). El lepenismo no alcanzaría la mayoría absoluta, pero sí que podría lograrla en caso de un pacto postelectoral con Los Republicanos (LR, afines al PP), que cuentan con un 9% en intención de voto.

De hecho, el presidente de LR, Éric Ciotti, se mostró el martes favorable a un acuerdo antes de los comicios entre su partido y el de Le Pen. Esas declaraciones supusieron todo un terremoto en la histórica formación de la derecha gaullista, inmersa en un claro declive desde 2017 y que ha radicalizado sus postulados. Desde el presidente del Senado, Gérard Larcher, hasta la presidenta de la región de París, Valérie Pécresse, la mayoría de los barones conservadores se han opuesto a romper el cordón sanitario a la extrema derecha.

Probablemente, no habrá un acuerdo nacional entre la derecha republicana y la ultraderecha. Pero sí que se producirán pactos de no agresión en algunas circunscripciones. Los barones del partido refundado en 2014 por Nicolas Sarkozy quieren forzar la dimisión de Ciotti, cuya propuesta de pactar con RN ha recibido oficialmente el apoyo de un solo diputado conservador (de un total de 61).

“La derecha ha dado la espalda a la herencia del general De Gaulle”, criticó Macron sobre la polémica propuesta de Ciotti. Macron confía en sacar rédito de estas tensiones internas en LR, aunque representa un caladero de votos reducido. Sus principales propuestas programáticas hechas el miércoles iban en esta dirección. Por ejemplo, la construcción de ocho reactores nucleares o la indexación de las pensiones de jubilación en función de la inflación.

“No creo en el espíritu de la derrota”, insistió el presidente, que con la convocatoria de las elecciones cogió con el pie cambiado a buena parte de los pesos pesados de su coalición. “Preocupado, me parece que es una palabra que se queda corta para describir lo que está pasando”, dijo el histórico dirigente centrista François Bayrou a la cadena BFM TV. La sensación predominante en Francia no es que Macron ha hecho un Pedro Sánchez, sino un Pere Aragonès. Ha convocado unos comicios anticipados en que su coalición podría sufrir un duro revés. Y abrir las puertas del poder a la extrema derecha.