Juan Jesús frente al racismo de Acerbi, un reflejo de la realidad italiana

El racismo que vemos en los estadios, en el terreno de juego y en los periódicos deportivos es el resultado del racismo institucional y mediático que vemos a diario
Simpatizantes del Nápoli, en apoyo a Juan Jesús y en contra del racismo — Alessandro Garofalo / Zuma Press / ContactoPhoto

Sucedió el pasado domingo 17 de marzo. Son cerca de las 22.00 horas y 1,6 millones de italianos están ante sus pantallas para ver el partido Inter-Nápoles, valedero para la Serie A de fútbol. Un partido que la temporada pasada habría sido interesante para la carrera por el Scudetto, pero este año no se juega tanto. El Inter va demasiado por delante y el Nápoles demasiado por detrás en la clasificación.

El motivo de interés es otro. Es el minuto 59. El partido se detiene. Juan Jesús, defensa brasileño de 32 años del Nápoles, llama la atención del árbitro La Penna. “Me ha llamado negro, eso no me parece bien”, puede leerse en los labios del futbolista. Un insulto que habría proferido Acerbi, defensa del Inter de 36 años.

Juan Jesús señala asimismo el parche de “Keep racism out” en su camiseta, puesto que la Lega Serie A ha decidido que las jornadas 29 y 30 del campeonato se utilicen para promover "iniciativas dedicadas a la lucha contra el racismo y todas las formas de discriminación" con "una campaña que pretende adoptar una postura firme incluso fuera del mundo del fútbol"

De nuevo en las imágenes de televisión se ve cómo Acerbi, llamado por el árbitro, pide disculpas a Juan Jesús. El partido puede reanudarse. Todo parece haber terminado ahí, sobre el terreno de juego. Tanto es así que el defensa del Nápoles, entrevistado al final del partido, echa agua al fuego: "ha visto que se ha pasado y me ha pedido disculpas".

En realidad, era solo el principio de un caso que ocupó los titulares italianos durante quince días antes de hundirse y desaparecer del radar.

De hecho, Acerbi se vio obligado a abandonar la concentración de la selección italiana tras ser convocado inicialmente por el seleccionador Spalletti; a preguntas de los periodistas, respondió negando que hubiera proferido insultos racistas: "Nunca salieron de mi boca. Llevo 20 años jugando al fútbol y sé de lo que hablo. Estoy tranquilo”.

La respuesta de Juan Jesús no se hizo esperar. Esta vez entró en detalles: "Para mí el asunto quedó cerrado ayer en el campo con las disculpas de Acerbi [...]. Sin embargo, hoy leo unas declaraciones de Acerbi que se contradicen totalmente con la realidad de los hechos, con lo que él mismo dijo ayer en el terreno de juego y con la evidencia que también muestran las imágenes de vídeo, en los que la lectura de labios muestra que me pide perdón. Esto no lo voy a consentir. El racismo se combate aquí y ahora. Acerbi me dijo: ‘Vete negro, que no eres más que un negro’. Tras mi protesta al árbitro, admitió que se había equivocado y se disculpó, añadiendo: 'para mí negro es un insulto como cualquier otro'. Hoy ha cambiado su versión y afirma que no hubo ningún insulto racista".

Mientras tanto, la justicia deportiva se mueve. Se abre una investigación que podría llevar a la inhabilitación de Acerbi durante un mínimo de 10 días. Los dos jugadores son escuchados por la fiscalía de la federación, que finalmente emite su veredicto: no hay inhabilitación para Acerbi, porque no hay pruebas suficientes del insulto racista a Juan Jesús.

La Società Sportiva Calcio Napoli hace público un comunicado en el que se muestra "atónita" por la decisión de los jueces deportivos. Y añade que el club "no se adherirá más a meras iniciativas de fachada de las instituciones futbolísticas contra el racismo y la discriminación", denunciando así la supuesta hipocresía de las instituciones deportivas.

Por su parte, Juan Jesús responde en un principio sin usar la palabra. Cambia la imagen de su perfil de Instagram, mostrando un puño cerrado. Muchos recuerdan uno de los símbolos del Black Power, la poderosa imagen de Tommie Smith y John Carlos en el podio de las Olimpiadas de México 1968.

El asunto termina —al menos de momento— con una entrevista a Acerbi publicada el pasado 29 de marzo en el principal diario italiano, el Corriere della Sera; y con los jugadores del Nápoles alineados el sábado 30 de marzo de rodillas en el centro del campo esperando el pitido inicial del Nápoles-Atalanta, adoptando un gesto que remite a las protestas del movimiento Black Lives Matter.

Se equivoca quien piense que se trata de una mera anécdota deportiva. Y se equivoca aún más quien piense que puede restar importancia a lo sucedido, porque a fin de cuentas estamos hablando de dos privilegiados, de dos futbolistas que en un solo mes ganan lo que un trabajador "normal" no ganará en toda su vida.

Se equivoca, porque el asunto Juan Jesús-Acerbi es una nueva subida a la superficie de un fenómeno siempre presente: el racismo. Que aparece, casi todas las semanas, en el mundo del fútbol. Pero en la mayoría de los casos los racistas son los perfectos "malos": los hinchas, los feos, sucios y desagradables. A esos resulta fácil condenarlos. Es más complicado cuando el que expresa un insulto racista es uno de tus ídolos, uno de los símbolos del equipo de tus amores, de tu selección nacional.

De esta suerte, en los últimos días han proliferado los comentarios tendentes a relativizar, a sostener que al fin y al cabo Juan Jesús habría exagerado. Como hizo el propio Acerbi, en las columnas del Corriere della Sera, afirmando que "en el campo se oye un poco de todo [...]. Pero todo queda ahí, de lo contrario todo se vuelve condenable, incluso los insultos a los serbios, a los italianos, a las madres". Resulta curioso que Acerbi haya recordado precisamente los insultos a los serbios…

Y luego están los del "ya no se puede decir nada", dispuestos a alistarse en una cruzada contra lo que definen como "políticamente correcto" y que fingen no saber/ver que, por el contrario, hoy en día hasta las expresiones más atroces están permitidas, a diferencia de expresiones de mero sentido común, como "Stop al genocidio en Gaza", que por el contrario sigue siendo tabú.

Se equivoca, porque el relato mediático en torno al episodio pone de manifiesto determinados fenómenos que solemos ver en acción. Empezando por la victimización secundaria. Es lo que ha sucedido con el editorial de Dotto, columnista de referencia de la Gazzetta dello Sport, el principal diario deportivo del país y uno de los más vendidos de Italia (más de 150.000 ejemplares diarios). Dos días después del episodio de San Siro, Dotto se dirige a Juan Jesús, la víctima, diciéndole que “se equivocó tres veces”. Se equivocó "cuando se ha limitado a confesar al árbitro el incidente"; cuando "pretendió absolver al eventual pecador"; y cuando "contó en las redes sociales [...] lo que debería haber dicho la noche anterior ante las cámaras".

Es la víctima la que se equivoca. Siempre. Quizá porque lleva minifalda o camina por una calle solitaria o se toma una cerveza de más. O porque denuncia, o porque no denuncia, o porque denuncia pero con palabras insuficientes.

Se equivoca porque el Corriere della Sera, que se tomó la molestia de entrevistar a Acerbi (y no a Juan Jesús), muestra a las claras lo que con excesiva frecuencia es el periodismo italiano. En toda una página dedicada a las respuestas del defensa del Inter, hay un hilo conductor que está claramente presente y un elemento que falta por completo. El hilo conductor es el victimismo del entrevistado. Victimismo que solemos ver en acción cuando los entrevistados son personalidades de la ultraderecha del gobierno Meloni, siempre dispuestos a presentarse como corderos. Un modo de comunicación que, evidentemente, ha creado escuela también en el fútbol.

Falta la única pregunta que probablemente hubiera tenido sentido: "Acerbi, ¿qué le dijo realmente a Juan Jesús, puesto que la versión ha cambiado varias veces en pocos días?". Falta y, por lo tanto, falla una de las tareas clave del periodismo, la de averiguar cómo se desarrollaron los hechos y, partiendo de esa base —la base de un principio de realidad— generar comentarios y consideraciones.

Se equivoca porque el fútbol, guste o no, no es solo lo que sucede en 90 minutos de juego. Tampoco es una isla, feliz o infeliz. El racismo que vemos en los estadios, en el terreno de juego y en los periódicos deportivos es el resultado del racismo institucional y mediático que vemos a diario. Las campañas de odio contra los inmigrantes, contra los "extranjeros que quieren mandar en nuestra propia casa" no se detienen a las puertas de las instalaciones deportivas. Entran en ellas. Sin encontrar obstáculos.

Se equivoca, por último, porque el fútbol y el relato mediático construido a su alrededor contribuyen a su vez a modelar el sentido común colectivo. No es con el esnobismo de cierta intelectualidad como lo convertiremos en lo que Gramsci llamaba "sensatez".

Traducción: Raúl Sánchez Cedillo

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