La guerra estalla entre Israel y las facciones palestinas de Gaza

A las 6:30 de la mañana hora local israelí, las facciones palestinas de Gaza- comandadas por Hamás y Yihad Palestina, realizaron un ataque masivo sobre territorio nacional de Israel. Horas después del ataque, el Primer Ministro, Benjamin Netanyahu, declaró el estado de guerra prometiendo una respuesta contundente

Reportera de Al Jazeera cuando un misil israelí impacta en un edificio en directo

Las facciones palestinas de Gaza han lanzado un ataque sin precedentes sobre Israel. Las fuerzas de seguridad e inteligencia israelíes —consideradas la élite en el mundo— han sido cogidas por sorpresa por la ofensiva masiva palestina. Como ejemplo de la magnitud del ataque, en la guerra de 2021, las facciones palestinas dispararon 4.000 cohetes en 11 días. En unas horas, más de 7.000 cohetes han sido lanzados desde Gaza hacia Israel. Más allá de eso, cabe destacar que los militantes de Hamas han conseguido penetrar en territorio reconocido como Israel capturando varias localidades y dos puestos militares. Alrededor de cien israelíes han perecido en las primeras horas del ataque, mientras que decenas de ellos han sido tomados como rehenes. Una humillación en toda regla para Israel, considerada la potencia militar de la región. Este sorpresivo ataque coincide con el cincuenta aniversario de la Guerra de Yom Kippur (6 de octubre – 25 de octubre de 1973), considerado el último gran fracaso de la inteligencia israelí. La diferencia sustancial es que, en 1973, Siria y Egipto tomaron territorio ocupado por Israel.

Poco después de los primeros compases de la ofensiva, Hamás publicó un documento anunciando el comienzo de la operación “Inundar al- Aqsa” cuyo objetivo era expulsar a Israel de Palestina. En este mismo documento, el grupo palestino defendió que su operación era una respuesta a las constantes violaciones de Israel hacia el pueblo palestino a la vez que denunciaba el “colaboracionismo” de la Autoridad Palestina con Tel Aviv.

Hay que destacar que en los últimos meses la tensión ha crecido en la región. La llegada de nuevo al poder de Benjamin Netanyahu —liderando el considerado gobierno más derechista de la historia reciente de Israel— ha significado un aumento de los pogromos y la destrucción de asentamientos palestinos. Más allá de eso, recientemente, el ejército israelí ha realizado varias operaciones militares importantes contra Yihad Palestina en la ciudad de Cisjordania de Jenín y en Gaza. Sin embargo, aunque los enfrentamientos militares son recurrentes, nada hacía prever una ofensiva de este nivel contra Israel.

Hamás ha conseguido ver reforzado su poder tras demostrar que es capaz de recuperarse rápidamente de una derrota —en el contexto de la guerra de 2021— y de hacer mucho daño a Israel. La guerra de 2021 desgastó severamente a Hamás, pero el grupo palestino demostró tener la capacidad de poder ejercer presión a Israel además de romper el cerco político de Gaza y expandir su influencia a Cisjordania. En este sentido, hay que recordar que en esos días de mayo de 2021 se produjeron fuertes disturbios de ciudadanos árabes.

Lo cierto es que el momento escogido por Hamás para realizar su ataque no es casualidad, no tanto por el ya mencionado aniversario de la guerra de 1973, como por la crisis interna que impregna la política israelí debido a la reforma judicial que quiere aprobar el gobierno de Netanyahu. Esta polémica reforma laboral ha tenido como respuesta masivas protestas tanto en la calle como el estamento militar y de seguridad. De hecho, se han producido huelgas en estos sectores. Es decir, Hamás ha aprovechado la tensión interna israelí para poder realizar su masivo ataque. En este sentido, la magnitud de la ofensiva y el momento escogido demuestran que Hamás llevaba preparando la operación desde hacía tiempo.

Lo cierto es que el momento escogido por Hamas para realizar su ataque no es casualidad, no tanto por el ya mencionado aniversario de la guerra de 1973, como por la crisis interna que impregna la política israelí debido a la reforma judicial que quiere aprobar el gobierno de Netanyahu

¿Qué objetivos pueden tener las facciones palestinas? Además del hecho de que esto ha supuesto una victoria moral para Hamás y una humillación para Israel, puede haber razones que van más allá de la cuestión interna. Las facciones palestinas han podido buscar evitar la normalización de relaciones entre Arabia Saudí e Israel. En los últimos años, Tel Aviv ha realizado una campaña diplomática importante para obtener el reconocimiento de los países árabes. Tenemos los ejemplos paradigmáticos de Emiratos Árabes Unidos y Marruecos. Recientemente se esperaba que Riad y Tel Aviv firmasen un acuerdo con el beneplácito de Washington. Tras el estallido de la guerra en la región, es complicado pensar que se vaya a producir dicha normalización. Más allá de eso, es esperable que las facciones palestinas, teniendo en cuenta la escalada, hayan previsto una intervención terrestre israelí en Gaza como respuesta. Viendo la organización y la preparación de la operación, es probable que Hamás y los demás grupos estén preparados para hacer frente a una operación con soldados sobre el terreno. El territorio de Gaza puede ser propicio para las tácticas de guerrilla de las facciones palestinas, teniendo el ejército israelí que luchar calle por calle. Hamás y sus socios tienen a su disposición una importante red de túneles que pueden usar para sorprender a los soldados israelíes. En cualquier caso, a diferencia de operaciones militares pasadas —2008 y 2014— el coste que supondrá para Israel será mayor debido a la sorpresa y la preparación de Hamás y los demás grupos palestinos.

En este sentido, es muy probable que una operación de estos niveles haya tenido el visto bueno de Irán y la milicia libanesa Hezbolá. Teherán es uno de los principales patrocinadores de las facciones palestinas en Gaza y el enemigo acérrimo de Israel. No es descabellado pensar que Hamás haya contado con la ayuda financiera, militar y de inteligencia de sus socios. Puede incluso que haya una estrategia organizada para que el mismo Eje de la Resistencia —Irán, Siria, Hezbolá y grupos armados afines— puedan intervenir en el conflicto aprovechando el caos del momento. Sin duda eso abocaría a una guerra regional de consecuencias imprevistas.

Como ya se ha destacado, Israel, al sufrir tal humillación, ha declarado que responderá de una manera contundente. En este sentido, todo apunta a que el ejército israelí realizará una operación militar terrestre de gran envergadura sobre Gaza. La seguridad nacional en Israel —un Estado y sociedad militarizados— es una cuestión de primer orden. En Tel Aviv no pueden permitirse ser percibidos como débiles, menos aun en el contexto de la peor crisis política interna de su historia reciente. La cuestión es saber si Israel decidirá neutralizar definitivamente a Hamas, ya que la facción palestina fue útil en el pasado para reducir la influencia de Fatah, así como para justificar su política de ocupación de Palestina y su política de nuevos asentamientos. También Tel Aviv buscará disuadir a sus enemigos ante un posible ataque por otro flanco desplegando su fuerza militar a lo largo de su frontera. Lo que parece claro es que Israel actuará con dureza y que la crisis de Palestina-Israel no acabará en el corto plazo.

Cuando un sistema internacional se resquebraja surgen grietas profundas; recientemente hemos sido testigos de la crisis en África Occidental, Nagorno Karabaj y hoy Palestina-Israel. La inestabilidad mundial se vuelve más probable mientras que el uso de la fuerza militar ya no se convierte tanto en un tabú para “resolver” las cuestiones políticas. El sistema internacional dominado por Occidente —en concreto Estados Unidos— está en crisis por el ascenso de otras potencias como Rusia y sobre todo China. En este sentido, Washington ha visto reducir su influencia relativa en detrimento de actores como Pekín mientras vemos un surgimiento de la importancia de potencias medias tales como Turquía o Irán. Un mundo más multipolar y regido por la competición entre potencias tiene como consecuencias la proliferación de mayores tensiones y conflictos armados.

En cuanto a la cuestión más puramente regional e interna, la crisis actual demuestra que el statu quo era insostenible. Los Acuerdos de Oslo se han demostrado como un fracaso ya que la solución de dos Estados ha estado lejos de llevarse a cabo. Israel ha seguido ocupando territorio de Palestina mientras ha llevado a cabo una expulsión de miles de palestinos de sus hogares favoreciendo su régimen de colonización. Los sucesivos gobiernos israelíes no han querido el establecimiento de un estado palestino autónomo, que, sumado a la represión de Tel Aviv ya comentada, ha generado un caldo de cultivo de resistencia que han recogido grupos islamistas radicales como Hamás. En cualquier caso, lo que sorprende es la intensidad de la escalada, no el estallido de unas tensiones que eran cuestión de tiempo.

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