Paco Alburquerque aporta en su nuevo libro valiosas informaciones sobre los exiliados republicanos

Alburquerque ha lanzado recientemente un libro sobre sus recuerdos de la universidad franquista, donde en sus anexos, incluye una valiosa información sobre el exilio republicano
Exilio republicano 1939 — Twitter (X)
Exilio republicano 1939 — Twitter (X)

Francisco —Paco— Alburquerque Llorens ha lanzado recientemente un libro titulado ‘Cambiar la sociedad: Recuerdos de la universidad franquista y de una transición democrática inacabada’. Esta obra ofrece un profundo relato de sus experiencias personales durante los años de la dictadura franquista, marcados por una intensa represión. Alburquerque, destacado líder del movimiento estudiantil madrileño entre 1964 y 1968, relata su papel como delegado del Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Madrid en la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas, epicentro de la lucha estudiantil en España.

El libro no solo es un testimonio de memoria histórica, sino también un homenaje a la memoria democrática. Los capítulos del volumen son de notable interés, abordando aspectos cruciales de aquel periodo. Además, Alburquerque enriquece su obra con 112 páginas de anexos, donde se incluye valiosa información sobre el exilio republicano, la que él mismo titula como “El importante exilio republicano de 1939”.  Este tema es particularmente relevante para el autor, quien vivió 25 años en un  exilio voluntario, lo que le confiere no solo conocimiento documental sino también vivencial sobre el tema.

 

Anexo 2 — El importante exilio republicano de 1939 (pág 13-46)

Albuquerque en sus anexos adjunta la siguiente información: 

El exilio republicano en Francia y el Magreb colonial francés: 

El exilio republicano español de 1939 hacia Francia y el Magreb colonial francés constituyó uno de los mayores desplazamientos de refugiados del siglo XX. Cerca de 500.000 personas huyeron de España debido al final de la Guerra Civil, enfrentando condiciones difíciles en la recepción francesa, marcada por campos de internamiento y esfuerzos de repatriación. Los campos en Francia eran precarios, con alta mortalidad por enfermedades y malas condiciones. En el Magreb, los refugiados fueron recluidos en campos o trabajaron en proyectos laborales forzados, enfrentando nuevas adversidades durante la Segunda Guerra Mundial y después.

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El exilio republicano en América Latina:

El gobierno republicano español en el exilio organizó dos entidades de ayuda, el Servicio de Emigración de los Republicanos Españoles (SERE) y la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles (JARE), para facilitar la evacuación de refugiados republicanos tras la Guerra Civil Española. México, Chile y República Dominicana aceptaron recibir a estos refugiados bajo la condición de apoyo económico por parte de organismos internacionales. Diversos comités internacionales colaboraron con fondos para llevar a cabo estas evacuaciones en 1939.

El exilio republicano en México:

El exilio republicano español de 1939 encontró en México una acogida generosa y estratégica bajo la presidencia de Lázaro Cárdenas. Desde la llegada de 472 niños en 1937, México ofreció refugio a exiliados de diversos sectores sociales, priorizando agricultores, técnicos, e intelectuales. La Casa de España en México, fundada en 1938, y posteriores llegadas de exiliados como los 1.600 de 1939, contribuyeron significativamente al desarrollo cultural y académico del país. Profesores y académicos españoles exiliados enriquecieron instituciones como la UNAM y el IPN, dejando un legado perdurable en humanidades, investigación científica y difusión cultural.

El exilio republicano en Chile:

En Chile, durante la presidencia de Pedro Aguirre Cerda, se formó un fuerte apoyo hacia la República española, reflejado en la creación del Comité Chileno de Ayuda a los Refugiados Españoles. Pablo Neruda, activo en el Frente Popular, fue designado por Aguirre Cerda como cónsul delegado para la inmigración española en París. Organizó el traslado de más de 2.200 exiliados republicanos a Chile en agosto de 1939 a bordo del barco Winnipeg, que incluía obreros especializados y profesionales. Estos exiliados contribuyeron significativamente a diversas áreas de la sociedad chilena, como la industria, la ingeniería y la cultura.

El exilio republicano en Argentina:

En la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX, la emigración española hacia Argentina fue significativa, compuesta mayormente por personas buscando mejoras económicas y políticas. Durante la Guerra Civil española y después de ella, Argentina recibió a unos 2.500 exiliados republicanos, aunque cifras no oficiales sugieren números mayores. A pesar de las restricciones del gobierno argentino liderado por Agustín Pedro Justo y posteriormente por Roberto Marcelino Ortiz, hubo redes sociales y apoyo comunitario que facilitaron la recepción de estos exiliados. Figuras como Natalio Botana del diario Crítica desempeñaron un papel fundamental en apoyo a los republicanos.

El exilio republicano en República Dominicana, Puerto Rico y Cuba:

La historiadora Consuelo Naranjo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas destaca la importancia de las redes culturales entre América Latina y España para el apoyo a intelectuales republicanos exiliados en 1939. Julio Ortega Frier, Federico de Onís Sánchez, Fernando de los Ríos Urruti, Jaime Benítez Rexach y Fernando Ortiz Fernández fueron figuras clave en este proceso. En la República Dominicana, bajo Rafael Leónidas Trujillo, se recibieron 3.000 exiliados, pero enfrentaron condiciones precarias y presiones diplomáticas franquistas. Puerto Rico, liderado por Jaime Benítez, y Cuba también jugaron roles importantes al acoger exiliados y fortalecer sus vínculos culturales e intelectuales.

El exilio republicano en Colombia y Venezuela:

En Colombia, después de la guerra civil española, aproximadamente 600 exiliados, muchos de ellos educadores y científicos, contribuyeron significativamente al desarrollo intelectual del país. Destacados incluyen Antonio García Banús, José Royo y Gómez, Mercedes Rodrigo Bellido, Miguel Fornaguera, Pau Vila, Flora González, Francisco Abrisketa Irakulis, Andrés Perea Gallaga, y Luis de Zulueta y Escolano, quienes fortalecieron la educación pública laica y moderna, así como instituciones como la Universidad Nacional y el Gimnasio Moderno.

En Venezuela, la situación fue menos favorable para los exiliados republicanos españoles debido a tensiones políticas y sociales. A pesar de ello, el presidente López Contreras implementó programas de modernización y reclutó selectivamente a profesionales, incluidos médicos como José María Bengoa Rentería, Tomás Mendicoa Lanzagorta, Gonzalo Aranguren Salas, y otros, quienes jugaron roles importantes en la sanidad pública y la educación médica en el país.

Ambos países experimentaron influencias significativas de los exiliados españoles, enriqueciendo áreas como la educación, la ciencia y la medicina durante y después de la Guerra Civil española.

El exilio republicano en Uruguay:

En la década de 1930, la crisis económica mundial afectó severamente a Uruguay debido a la caída de precios de las exportaciones y restricciones comerciales. En este contexto, José Luis Gabriel Terra, simpatizante de regímenes nazi-fascistas, dio un golpe de Estado en 1933, disolviendo el poder legislativo y reprimiendo movimientos obreros y de izquierda. A pesar de políticas restrictivas, Uruguay acogió un importante número de exiliados republicanos españoles, principalmente gallegos, que contribuyeron significativamente al ámbito cultural y político de Montevideo. El exilio dejó una marcada influencia en la sociedad uruguaya, especialmente en la vida universitaria y cultural.

El exilio republicano en la Unión Soviética:

El exilio republicano español en la Unión Soviética tras la Guerra Civil española presentó particularidades significativas en comparación con otros destinos de exiliados. Uno de los aspectos distintivos fue la presencia de casi 3.000 niños y niñas evacuados en expediciones oficiales entre 1937 y 1938, acompañados por 150 educadores. Estos niños fueron acogidos en "casas de niños", donde recibieron atención integral y facilidades para estudiar diversas disciplinas como música, baile, carpintería y deportes, entre otras.

Además de los niños, dos grupos importantes se encontraban en la URSS al colapsar el frente en Cataluña: los "alumnos pilotos" de escuelas de aviación soviéticas y marinos de barcos españoles en puertos como Odesa y Murmansk. Estos grupos enfrentaron la decisión de repatriarse a España o permanecer en la URSS, ya que Stalin no permitía la salida hacia otros países.

A partir de abril de 1939, llegaron aproximadamente 1.300 exiliados políticos, mayoritariamente dirigentes comunistas y militares del Partido Comunista de España, junto con sus familias. Fueron asignados a roles según su posición política, desde formación ideológica en la Escuela Leninista hasta trabajo en fábricas.

La situación del exilio se complicó con la invasión alemana en 1941, que forzó la evacuación de muchos hacia Asia. A pesar de las duras condiciones, hubo contribuciones significativas en campos como la cultura y la literatura, aunque predominaban personas con un nivel social y cultural medio-bajo.

Los niños evacuados mantuvieron su lengua y costumbres junto con las del país de acogida, facilitando una integración cultural compleja pero notable. La actividad de traducción fue particularmente importante, permitiendo acceso a obras literarias clásicas españolas y rusas.

Algunos nombres ilustres del exilio republicano español en 1939:

En el exilio de intelectuales republicanos españoles en 1939 tras la Guerra Civil, destacan tanto figuras reconocidas como Antonio Machado, Rafael Alberti, María Zambrano, y Luis Buñuel, como otros menos conocidos pero igualmente significativos. Estos individuos se vieron obligados a dejar España debido a la persecución del régimen franquista y buscaron refugio en países como Francia, México, Argentina y Estados Unidos, donde continuaron contribuyendo significativamente en campos como la literatura, la filosofía, las artes y la ciencia.

El exilio no sólo enriqueció culturalmente a los países de destino, sino que también dejó un vacío en España, afectando negativamente a la educación, la universidad y la investigación científica durante las décadas siguientes. Este impacto se reflejó en un declive cultural y científico en España, evidenciado incluso en la experiencia personal del autor durante los años sesenta y setenta.