Rescatando la memoria de los guerrilleros antifranquistas

La historia de Laudelino Fernández León y sus camaradas emerge del olvido, recordando su valentía y sacrificio por la libertad
Homenaje a los guerrilleros antifranquistas, Cementerio de Vegadotos (Mieres) — Twitter (X)

El pasado viernes 12 de abril en Mieres —Asturias— tuvo lugar un homenaje a la guerrilla antifranquista, en conmemoración a los guerrilleros —que nunca "bandoleros"—. La memoria fue, la memoria es y la memoria será y tanto es así que este homenaje ha resultado ser posible gracias a la propia memoria, el recuerdo y también la casualidad.

La casualidad se hizo presente cuando, fruto de una conversación entre un Policía Nacional y un Guardia Civil, surgió el conocimiento de los hechos que se narrarán a continuación. “El abuelo había muerto por defender la libertad y la república, pero que nunca hablásemos de ese tema fuera de casa, decía mi padre”, afirma el nieto de Laudelino.

Laudelino fue capitán del ejército republicano y tras perder la guerra, lo asesinaron junto a sus compañeros en el Monte Polio. "Me preguntaba por qué mataban a una persona por defender esos ideales", relata el nieto de Laudelino. El descendiente del capitán se había interesado desde niño por la figura de su abuelo, pero fue un golpe de suerte el que abrió el camino hacia un gran descubrimiento.

Estando en un juzgado, un Policía Nacional le pregunta a un Guardia Civil si sería posible que en una Comandancia de la Guardia Civil hubiera un registro sobre las acciones de contrapartidas en la Guerra Civil española, puesto que estaba buscando información tras el asesinato de su abuelo Laudelino. El Guardia Civil le afirma al nieto de Laudelino: "Tu abuelo se llamaba Laudelino". Estas palabras fueron un auténtico choque de destinos.

Laudelino Fernández León, fue testigo de los albores de la industrialización de Asturias y de los abusos perpetrados por los patrones de la época. Su vida se vio marcada por los turbulentos acontecimientos de la Revolución asturiana de Octubre, así como por la represión ejercida por las fuerzas militares que, desde 1934, imponían el régimen fascista sobre la clase obrera asturiana, de la cual Laudelino formaba parte. En julio de 1936, Laudelino fue seleccionado para recibir formación en las escuelas de guerra establecidas por la II República. Ingresó en la academia ubicada en Deva —Gijón—, donde alcanzó el rango de teniente, ascendiendo luego a capitán. Tras completar su entrenamiento, se unió de inmediato a los frentes de guerra, donde luchó fervientemente en defensa de la legalidad republicana, sirviendo en los batallones N.º 272 y 274 del Ejército del Norte. Después de la caída del Frente el 21 de octubre de 1937, Laudelino continuó resistiendo, ocultándose en los montes de su tierra natal, en el Concejo asturiano de Mieres. La caza de guerrilleros se convirtió en una obsesión para el nuevo régimen impuesto, que los catalogaba oficialmente como terroristas, forajidos, bandoleros o sublevados, desvirtuando así su verdadero carácter de combatientes antifascistas. Después de dieciséis meses evitando las incursiones de los fascistas, y tras una operación de más de 200 efectivos entre unidades del Ejército, la Guardia Civil y falangistas, Laudelino fue abatido en una zona conocida como El Carrizal del monte Polio, próxima a sus raíces y su familia, junto a otros diez compañeros. Este trágico suceso, conocido como la matanza del Carrizal, tuvo lugar el 23 de febrero de 1939, y se cree que fue el mayor golpe contra los guerrilleros en la historia de la resistencia armada asturiana. Irónicamente, el régimen utilizó este episodio como ejemplo de su "éxito" en la lucha contra la resistencia antifascista. Los cuerpos sin vida de Laudelino y sus compañeros fueron trasladados en mulas hasta una localidad cercana, donde fueron arrojados a una fosa común junto al cementerio. “Fueron años muy duros de una represión salvaje” relata su nieto.

Durante una conversación, el nieto compartió la trágica historia de su familiar, un militar caído en combate durante la guerra civil en un remoto monte. Esta revelación capturó la atención del Guardia Civil, quien rápidamente conectó los puntos y reconoció la historia. La casualidad unió los destinos de ambos, revelando la verdad detrás de un pasado oculto durante tanto tiempo.

Este Guardia Civil lucha desde la Asociación por la Memoria Militar Democrática para devolver el lugar y el honor que tanto las víctimas como los familiares merecen. “Estos hombres audaces y valientes, impregnaron nuestro concejo con su memoria y su sangre. En especial, la montaña que tenemos hoy a nuestra espalda, el Pico Polio, el eterno refugio de nuestros guerrilleros. No olvidemos jamás, que ellos dieron sus vidas por la libertad, combatiendo hasta las últimas consecuencias. Ellos lucharon juntos y juntos yacen en esta fosa común”. Con estas palabras homenajeaba el nieto de Laudelino a su abuelo y al resto de víctimas en el acto celebrado el pasado viernes en el Cementerio de Vegadotos —Mieres—.

“Por Laudelino y sus compañeros, por devolverles su honor, por sus familias, por su nieto. Por todos los combatientes por la legalidad, por honrar su tesón y determinación hasta las últimas consecuencias. Porque en cualquier lugar serían honrados como héroes. Por su memoria” señalaba en Twitter (X) el movimiento de militares y guardias civiles demócratas ‘Militares Antifranquistas’.

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