Victoria de Milei: es hora de hacer nuevas canciones

Interior del restaurante dedicado a la memoria de Eva y J. D. Perón — Facebook Perón Perón
La pregunta que muchos empiezan a hacerse, sin embargo, es si podrá responder a los desafíos de una Argentina profundamente impactada por la crisis del neoliberalismo

En el barrio de Palermo, una zona exclusiva de Buenos Aires, visité hace unos meses un curioso restaurante. El lugar, una especie de iglesia peronista, cuenta con un altar dedicado a Perón y Evita, así como a otros líderes del movimiento. Cada 20 minutos todos cantan la famosa Marcha Peronista, himno compuesto en 1948. Los extraños se abrazan, levantan las copas. El restaurante casi se derrumba.

El peronismo es, sin duda, el principal movimiento político del último siglo en Argentina. Sólo esto explica por qué, 75 años después, personas de todas las edades siguen cantando el himno a Perón. Tan longevo como heterodoxo, el peronismo ha reunido a lo largo de su historia a políticos como Carlos Menem —padre del neoliberalismo argentino— y Néstor Kirchner, quien alineó al país con la llamada “ola rosa” de gobiernos de centro izquierda a principios de los años 2000.

La derrota de Sergio Massa en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales y la victoria del ultraderechista Javier Milei, por lo tanto, no deben engañarnos: el peronismo sigue siendo una fuerza política y social relevante. La pregunta que muchos empiezan a hacerse, sin embargo, es si podrá responder a los desafíos de una Argentina profundamente impactada por la crisis del neoliberalismo.

En una advertencia, el reelecto gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, uno de los nombres de la nueva generación del peronismo de izquierda, afirmó que “es necesario componer una nueva canción”, en un sutil tono crítico a la longevidad de ciertas creencias peronistas que podrían ser representadas en la tradicional “Marcha Peronista”.

No pasó mucho tiempo para que su llamado a la renovación fuera criticado. La respuesta más contundente vino del principal líder del movimiento La Cámpora, Máximo Kirchner, hijo de Néstor y Cristina. Rechazando la autocrítica de Axel, Máximo afirmó tajantemente: “Yo no me dedico a la música; soy militante”. La respuesta del heredero político kirchnerista demuestra la dificultad de afrontar el debate renovador y de percibir la belleza de las metáforas.

Resulta que no sólo en Argentina, sino en toda la región, ya está en marcha un proceso de renovación de la izquierda. Una renovación que no significa la simple negación de las luchas del pasado, sino la búsqueda de una actualización estratégica capaz de interpretar y actuar en un mundo en profunda transformación. Después de todo, reconocer el valor de la generación que enfrentó las primeras décadas del neoliberalismo en América Latina debería ser, sobre todo, un imperativo moral para cualquier activista de las nuevas generaciones.

Pero este reconocimiento no significa eternizar prácticas, visiones del mundo y tácticas que ya no se adaptan a la realidad. La estrategia hegemónica del progresismo latinoamericano ha llegado a su límite. Por eso, en abril de este año, líderes de nueve países se reunieron en Santiago para pensar en los desafíos de la nueva generación de izquierdas en América Latina. Partiendo del supuesto de que los países de la región comparten problemas comunes y que las fórmulas tradicionales de mera “gestión” del sistema muestran claros signos de fatiga, estos líderes crearon Rede Futuro, un espacio para construir una estrategia para competir en el ciclo político. que se abrió con el fin de la primera ola de gobiernos populares.

Estos líderes también reconocen que es necesario ir más allá de la simple lucha contra el neoliberalismo. Plantean en la carta fundacional de Rede Futuro que “ante un escenario complejo, urge repensar las estrategias de la izquierda y sus mecanismos de articulación para construir nuevos horizontes que convoquen y agrupen a los sectores populares, que tomen control de los logros y, también, que supere los límites de las experiencias pasadas, que encante a nuestro pueblo con una democracia más vigorosa, atenta a sus demandas y sueños, que coloque temas, problemas, luchas y desafíos relegados por las visiones economicistas de transformación en el centro de sus agendas”.

Esta nueva izquierda —que no sólo es nueva en términos generacionales— reconoce el valor del viejo progresismo y su papel en la consolidación de la democracia y la promoción de políticas para combatir las desigualdades. Pero quiere volver a la utopía de una Patria Grande socialista y democrática. Es decir, al igual que Axel Kicillof, sabe que es hora de “componer nuevas canciones”. Casualmente, el podcast de Rede Futuro —disponible en plataformas como Spotify— se llama SudamericanRockers.

La victoria de Milei es también la derrota de una estrategia. Argentina —como toda la región— necesita una nueva izquierda que tenga como enemigos al neoliberalismo y a la extrema derecha, pero que también sea portadora de una nueva rebelión. Sin renunciar a la unidad y valorar la historia de luchas y resistencias del pueblo argentino, hay una ventana histórica abierta para nuevos sueños y cantos.

*Político, Historiador y expresidente del PSOL (2018-2023). Siguió la segunda vuelta de las elecciones en Argentina