Pedro Sánchez: lo personal es político en el régimen de guerra

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene durante el acto con motivo del X aniversario del diario digital 'InfoLibre', en el Espacio Larra, a 11 de abril de 2023, en Madrid (España). 'InfoLibre' es un diario digital español publicado el 7 de marzo de 2013, el cual cumple este año su décimo aniversario. El acto cuenta con la colaboración de Fundación la Caixa, Banco Santander, Telefónica e Iberdrola.
Fernando Sánchez / Europa Press
(Foto de ARCHIVO)
11/4/2023
 Fernando Sánchez / Europa Press
Lo más probable es que el lunes Pedro Sánchez anuncie que sigue y que lucha. La cantidad y variedad de las reacciones de apoyo así lo respaldan. ¿Para hacer qué? Nada más que reforzar su propia centralidad personal, que es lo único que les queda tanto a PSOE como a Sumar

¿Cómo saber cuál será la decisión de Pedro Sánchez el próximo lunes? Solo caben conjeturas a la luz de la información escasa o acaso fraudulenta. Pero hay que tener el valor de equivocarse en las predicciones, al tiempo que aprovecha uno para recrear los contextos, las situaciones y las coyunturas que, sea cual sea la decisión del presidente, determinan el inmediato futuro mucho más que cualquier decisión individual, aunque se trate del jefe de un gobierno que lleva apenas 24 semanas en el cargo.

La XV legislatura nació bajo el signo puro del malmenorismo. El del “mejor esto que lo que se veía venir” tras el desastre de las municipales y autónómicas del pasado 28 de mayo. Una legislatura transaccional tanto dentro como fuera del parlamento: ley de amnistía y gasto militar de la OTAN y la UE; compromiso con la guerra en Ucrania y disidencia retórica en el genocidio de Gaza; punto final a los avances feministas y obediencia fiscal con el mandato de ajuste de la Comisión Europea; rendición incondicional a la industria inmobiliaria y al bloque social rentista bajo la retórica de la construcción de vivienda protegida; acatamiento estricto de la Ley Mordaza y convicción bipartidista respecto a la renovación del CGPJ; recortes encubiertos de la rentas directas e indirectas del trabajo y aceptación de la polarización creciente de la distribución de la renta; entrega incondicional de los proyectos de transición energética y de renovables a las Gamesa, Acciona, Iberdrola, Gas Natural,etc. Si no os gusta esto, la alternativa es peor. Por si esto fuera poco, la idea estrambótica de que se podía sustituir un centro de gravedad político disminuido pero real, como el que expresaba Podemos, por un sucedáneo amable como Sumar ha terminado como era previsible: un agujero negro electoral decisivo que, salvo causa excepcional, este PSOE solo podría recuperar parcialmente. Hoy Sumar, como coalición y como partido, es un organismo que vive y habla pese a estar en muerte cerebral irreversible.

Por si fuera poco, a esto se suma la corrupción con el “caso Koldo”, que impide además explotar políticamente el “caso Ayuso”, que afecta directamente al corazón de la derecha orgánica españolista, política, mediática, financiera, empresarial. Como en el resto de Europa, pero bajo la lente deformante de un ciclo progresista agotado, el menú de los próximos meses y años no admite cambios: un centro de gravedad político escorado hacia la extrema derecha, una austeridad del gasto social abanderada por Alemania y Francia, un régimen de guerra autoritario con la protesta y la desobediencia social, una militarización estratégica de la producción, la energía y la logística y un ciclo de escándalos de corrupción en toda la Europa comunitaria, Ucrania incluida, estrechamente vinculada al “cierre del grifo” del “dinero gratis” postpandémico.

Mi hipótesis es que Pedro Sánchez quiere evitar un “momento Zapatero”, aquel episodio desconcertante de principios de mayo de 2010 en el que, de la noche a la mañana, la promesa de no aplicar nunca recortes sociales se tradujo en un golpe a las pensiones, al sueldo de los funcionarios y el freno a la recién creada Ley de Dependencia. Se había cargado la legislatura. Sabemos qué “sugerencias” había recibido el presidente de voces tan desinteresadas como Barack Obama o Angela Merkel. Lo que vino después no hace falta contarlo: una masacre social de la que buena parte del país no se ha recuperado; un “milagro de la multitud” el 15M de 2011 sin el cual Pedro Sánchez habría seguido escribiendo tuits bizarros, random y cuñaos.

Pedro Sánchez nunca ha tenido ideas propias. Ha dicho y ha prometido una cosa y la contraria. Ha demostrado una ambición, un aguante y un sentido de la oportunidad absolutamente remarcables, mayores si cabe que los del Sr. X. ¿Dimitir ahora por una denuncia contra su mujer presentada por Manos Limpias, una asociación de extorsionadores a sueldo? Las conjeturas se multiplican, porque nos falta la información que Pedro Sánchez no proporciona. El presidente sabe que una carta personal y sentimental en el país en el que triunfaron Belén Esteban y Jorge Javier Vázquez puede provocar un vuelco en un proceso de desgaste plano y monótono. Es lo que ha hecho siempre y lo ha vuelto a hacer: lanzar órdagos, jugárselo todo a la carta de sus propias virtud y fortuna. Siempre para ganar tiempo. Pero esta vez sabe que ya no queda mucho. Y con la carta se inventa un pliegue barroco, tan personal como público, tan de víctima como de héroe, tan de celebrity como de estadista, “dándose” unos días para tomar una decisión, ocupando el centro de la atención y sometiendo a todas las partes implicadas a un test de comportamiento.

Pienso que lo más probable es que el lunes Pedro Sánchez anuncie que sigue y que lucha. La cantidad y variedad de las reacciones de apoyo así lo respaldan. ¿Para hacer qué? Nada más que reforzar su propia centralidad personal, que es lo único que les queda tanto a PSOE como a Sumar. Nadie puede esperar a estas alturas un giro de radicalidad democrática en un sujeto como Pedro Sánchez, que ha manifestado repetidas veces su desprecio por los derechos humanos y sociales cuando defenderlos le ha podido causar graves problemas. Como hemos dicho, se trata de reforzar su figura y, sobre todo, de hacer del sanchismo una figura transversal a todo el centro izquierda español, político y mediático, desde Javier Crudo a Silvia Intxaurrondo, desde Ignacio Escolar a Antonio Maestre, o desde Emiliano Page a Yolanda Díaz y Rita Maestre. El relato “antifascista” de Sánchez es el disfraz perfecto para, por un lado, abordar las elecciones catalanas y europeas como un plebiscito entre democracia y dictadura y, por el otro, reabsorber completamente en el PSOE la casquería personal y organizativa que ha dejado Sumar, ya sea en la fórmula PSOE-Progresistas o, como cabe esperar en Madrid, en una coalición o fusión entre Más Madrid y el desprestigiado PSOE madrileño.

Imaginemos por un momento que el presidente anuncia su dimisión. Si lo hace, nadie en su sano juicio puede prever otra cosa que una aceleración de la victoria electoral de las derechas. La operación Sánchez siempre ha consistido en poner su virtud y su fortuna en el ejercicio de apropiarse del carisma ajeno: el de las plazas y las luchas indignadas, luego el de Podemos y Pablo Iglesias. Pero sin batallas reales, propias y ajenas, no hay transmisión posible del carisma. No hay nadie en el PSOE que pueda recibir ese carisma. Por más dopaje mediático que se quiera emplear, ese carisma dura lo que le ha durado a Yolanda Díaz: lo que tarda la glucosa del Red Bull en convertirse en grasa o calorías inútiles. Por eso, salvo que haya algo muy grave e inconfesable detrás de su gesto, es improbable que Pedro Sánchez dimita. No puede hacerle eso a su partido y a su legado.

Sea como sea, las vicisitudes del malmenorismo no nos pueden hacer olvidar la realidad que tenemos enfrente: un tiempo político marcado por (régimen de) guerra, desprestigio corrupto de las instituciones y austeridad autoritaria bajo mayorías de derecha y extrema derecha. En el Reino de España eso se llama régimen del 78 en su deriva involutiva hacia una restricción máxima del pluralismo político, de las garantías democráticas y de la seguridad personal y colectiva de las clases populares, así como de una nueva tentativa de expulsar de las instituciones a los independentismos. Es absolutamente necesario que no nos dejemos encantar por los arabescos del canto del cisne del sanchismo. Al mismo tiempo, hay que reconocer el peligro y la tragedia detrás del melodrama. Reconocer que estamos solos como multitud, que ningún Pedro Sánchez puede salvarnos de la bestialidad del régimen de guerra occidental y de sus sucursales hispánicas. Necesitamos que la ambición, la virtud y la fortuna de Pedro Sánchez sean devueltas a nosotros, a la multitud de explotadas y oprimidas, para que otra vez el miedo cambie de mando y el sufrimiento tenga una redención.