Andrés Solimano: "El modelo económico chileno descansa en la precariedad laboral"

En esta entrevista Solimano aborda principalmente los primeros dos años del gobierno del izquierdista Gabriel Boric y el “estado de salud” del neoliberalismo en el país que fue su laboratorio

Autor de una larga lista de libros sobre las características del capitalismo en América Latina y Chile, acaba de publicar “Chile bajo el neoliberalismo” en el que describe cómo inicia su implantación durante la dictadura civil militar de Pinochet, su auge en la década de los 80 y como hoy está en su fase de agotamiento.

Andrés Solimano tiene un doctorado en Economía del Instituto Tecnológico de Massachusetts en Estados Unidos y es fundador y presidente del Centro Internacional de Globalización y Desarrollo (CIGLOB), trabajó en el Banco Mundial, en el Banco Interamericano de Desarrollo, ha sido director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO-Chile) y asesor regional de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL).

En esta entrevista Solimano aborda principalmente los primeros dos años del gobierno del izquierdista Gabriel Boric y el “estado de salud” del neoliberalismo en el país que fue su laboratorio.

Durante los debates programáticos en la campaña de Gabriel Boric se habló mucho acerca de cómo desmontar el neoliberalismo chileno, sus tiempos y mecanismos. ¿Qué hay de eso en la gestión de estos dos años de gobierno? ¿Hay alguna (s) medida que apunte a eso? ¿es posible?

El programa de Boric planteaba que Chile debía alejarse del neoliberalismo, pero al entrar a La Moneda, probablemente para apaciguar al gran empresariado, abandona esta propuesta de campaña y entra en un ajuste ortodoxo de corte del gasto público con aumento de las tasas de interés decidido por el Banco Central. Asimismo, las reformas estructurales en las áreas tributaria y de pensiones se suavizan, pero aun así no pueden despegar. Hoy la conducción económica busca convencer a los conglomerados económicos a que inviertan más y estos, a cambio, piden menos impuestos, eliminar regulaciones ambientales (la llamada "permisología") y asegurar control y disciplina en el proceso laboral. En ausencia de programas con un impacto popular positivo y concreto se producen frustraciones sociales y distanciamiento de los sectores sociales.

Cómo caracteriza las condiciones económicas en las que asumió este gobierno, qué ha cambiado en estos dos años. Algunos mencionan la estabilidad como un gran logro, ¿comparte esa mirada?

En estos primeros dos años se ha conseguido bajar la inflación, pero creciendo poco y se ha mantenido un cierto equilibrio fiscal que es lo que le interesa al Ministerio de Hacienda. Se ha logrado una estabilización macroeconómica, pero con una tendencia al estancamiento económico. El Estado en una economía tan privatizada como la chilena casi no tiene instrumentos para aumentar directamente la inversión y acelerar el crecimiento; en suma, se depende totalmente del estado de ánimo de la clase empresarial privada. Esta característica del capitalismo desregulado que advirtió el economista británico John Maynard Keynes hace casi 100 años, se observa nítidamente en el Chile actual. No se ve un ánimo de romper esa dependencia total del sector privado y liderar un proceso de desarrollo productivo más autónomo respecto de los deseos del gran empresariado privado. Al contrario, se están cerrando las pocas industrias manufactureras chilenas que han subsistido hasta ahora como es la productora de acero Huachipato, lo que tendría un impacto social y humano grande, siendo casi el fin de la clase trabajadora industrial en Chile.

¿Ha cambiado la tendencia a la concentración de la riqueza en Chile o hay cambios en eso desde una mirada más global?

La distribución de la riqueza y del ingreso sigue siendo muy concentrada en Chile. El tema de la disminución de la desigualdad salió de la agenda económica como objetivo explícito al menos. Se abandonó la propuesta que venía de algunas parlamentarias (hoy ministras) de establecer un impuesto a los súper ricos (personas de alto patrimonio) y la reforma tributaria está empantanada, sin aire propio. Tampoco hay medidas anti-oligopolios de desconcentración económica, y no se fortalece la capacidad negociadora del sector laboral. No hay tampoco una revitalización de la educación pública, castigada por décadas. En este contexto, es difícil ver por dónde la distribución de la renta y la riqueza pueden mejorar. Esto requiere reformas en educación, sector laboral, estructura de mercados, difíciles de adoptar en la segunda mitad del gobierno. Eran medidas que debieron adoptarse en los primeros seis meses, lo que no ocurrió, aunque si se ha subido un poco el salario mínimo (aun rezagado de la inflación) y se estableció una baja gradual a 40 horas laborales. A mi juicio, se necesita una agenda de equidad social, pro-igualdad, más integral.

El crecimiento de 0,2 puntos de la economía sorprendió a muchos, ¿se lo esperaba? ¿cómo seguirá esto, más crecimiento, hay condiciones? ¿Quedó despejado el temor a la recesión?

Se evitó una recesión en el 2023 y eso es positivo, pero un 0.2 por ciento de crecimiento es poco. Por otra parte, cabe mencionar que Chile viene creciendo lento desde hace más de una década lo que muestra un agotamiento de su modelo de desarrollo productivo (o ausencia del mismo), pero se sigue insistiendo en mantener este modelo. El diagnóstico prevaleciente es que lo único que impide crecer son los impuestos y los permisos del Estado. Se necesita, con urgencia, nuevas ideas de cómo desarrollar a Chile.

¿Qué impactos tiene en este escenario el crecimiento de las inversiones extranjeras?

Parece ser que los inversionistas extranjeros (privados y públicos como en el caso de China) creen más en las posibilidades de desarrollo de Chile que el empresariado nacional grande, que se muestra reacio a invertir más, crear nuevas empresas y generar más empleos.

¿Y cómo viene el empleo? ¿tendrá mejor calidad o seguirá siendo potencialmente más precario?

El empleo se ha recuperado respecto a la crisis de la pandemia, pero es una recuperación muy basada en los sectores informales y de servicios. Como la industria manufacturera nacional está deprimida no se crean empleos de calidad, que generalmente pagan mejores salarios. El modelo económico actual descansa en la precariedad laboral, en el temor del trabajador a quedar desocupado, es un instrumento de control social muy fuerte. La precariedad en el empleo y debilidad del movimiento de trabajadores son dos características esenciales para que el neoliberalismo siga vigente.

Argentina con Milei es un intento de redefinir la sociedad en torno a un neoliberalismo tardío y extremo. Este modelo que ya fue ensayado, sin éxito, por los militares en el periodo 1976-83, con Menem en la década de 1990 y con Macri en la segunda década del siglo 21. Un ajuste tan radical como el que quiere el gobierno argentino actual es muy difícil que tenga éxito dada la tradición política y estructura social de Argentina

¿Cómo ve a Chile en las condiciones de la región, con las medidas de shock en Argentina, por ejemplo?

Argentina con Milei es un intento de redefinir la sociedad en torno a un neoliberalismo tardío y extremo. Este modelo que ya fue ensayado, sin éxito, por los militares en el periodo 1976-83, con Menem en la década de 1990 y con Macri en la segunda década del siglo 21. Un ajuste tan radical como el que quiere el gobierno argentino actual es muy difícil que tenga éxito dada la tradición política y estructura social de Argentina. Las medidas económicas adoptadas en el Chile de Pinochet probablemente son un modelo de referencia para la actual administración argentina, pero las realidades de ambos países son diferentes.

¿Las perspectivas y expectativas sobre la explotación del Litio y el Hidrógeno Verde serán tan potentes como para cambiar la matriz o modelo de desarrollo?

El desarrollo del litio y el hidrógeno verde genera posibilidades para la economía chilena, pero aprovecharlas dependerá si se enfoca el tema desde una perspectiva extractivista o de desarrollo productivo con acento en el valor agregado, encadenamientos productivos y adopción de tecnologías avanzadas. Como el Estado chileno está maniatado en su rol productivo no será un proceso fácil. La experiencia de los últimos 40 años con el cobre explotado en forma extractivista y privatizada indica lo que puede pasar en estas dos actividades si no se adoptan las políticas públicas productivas adecuadas.

¿Qué amenazas se ven para la economía regional y la chilena?

La economía latinoamericana crece más lento que las economías dinámicas de Asia y su participación en el PIB global sigue pegado en alrededor de 7 por ciento por décadas. La globalización actual le generó oportunidades, pero muchas veces la región no las pudo aprovechar y su desarrollo productivo sigue especializado en materias primas, recursos naturales, servicios, pero con un débil sector manufacturero, salvo en México, Brasil y en alguna medida también en Argentina. Chile —el modelo más neoliberal de la región— tuvo éxito en evitar crisis macroeconómicas serias en los últimos treinta años, pero su desarrollo productivo depende de los sectores primarios y de los servicios no tecnológicos y su capacidad para crecer se ha ido agotando. El problema de la desigualdad persistente en toda la región y en Chile es muy serio y está detrás de la volatilidad social, la inseguridad y la inestabilidad política que se observa en muchas partes de la región latinoamericana.

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