Argentina ante la segunda vuelta

En la primera vuelta Massa obtuvo el 36,6 por ciento de los votos.  Del otro lado está Javier Milei, un fenómeno cultural y político difícil de catalogar y que obtuvo el 29,9 por ciento
Urna electoral, en el Colegio Mayor Argentino de Madrid — Jesús Hellín

El 19 de noviembre habrá en la Argentina un balotaje que genera preocupación en todo el mundo por la posibilidad del acceso al poder de un candidato violento de la extrema derecha al que un diario alemán ha calificado como “el destructor”.

Por un lado está Sergio Massa, un hombre de amplia experiencia política dentro del peronismo que ha ocupado varios cargos de gestión y en el año 2015 salió tercero en una elección presidencial.  Pero lo más llamativo es su rol actual como ministro de economía de un gobierno débil y con más del 100 por ciento de inflación anual.  El llamado “sentido común” dice que un gobierno no puede reelegir con altos índices de inflación.  Salvo en la Argentina, donde se puede ser gobierno y prometer un cambio al mismo tiempo.

En la primera vuelta Massa obtuvo el 36,6 por ciento de los votos.  Del otro lado está Javier Milei, un fenómeno cultural y político difícil de catalogar y que obtuvo el 29,9 por ciento.  Apenas tres años atrás Milei era un personaje extravagante, provocativo y violento que se paseaba por los programas de televisión para hablar de teorías económicas ultraliberales y marginales, diciendo que había que eliminar la moneda local y adoptar el dólar, mientras lo mezclaba con discursos contra “la casta” política y sexo tántrico para incrementar su excentricidad.  Sin estructura partidaria logró capitalizar el descontento frente al encierro de la pandemia como lo han logrado otros referentes de extrema derecha antisistema.  Es interesante destacar que estas extremas derechas disruptivas aparecen ocupando un espacio que otrora era de las izquierdas, hoy adaptadas al juego político tradicional e incluso identificadas como parte del establishment.  En el caso particular de Milei todo giraba y gira alrededor de su figura.  Lo que fue una virtud ahora es un lastre ya que, al carecer de un movimiento político estructurado, necesita apelar a los representantes de “la casta” para poder triunfar en el balotaje después de estar convencido de que triunfaría. Estaba tan convencido de su triunfo en la primera vuelta del 22 de octubre que despotricó a diestra y siniestra. 

Durante los últimos meses parecía que Milei podía triunfar en primera vuelta y su triunfalismo le impidió percibir que el rechazo a su persona y planteos es muy superior a la adhesión que genera su discurso antisistema

No solo que no consiguió el 40 por ciento y una diferencia de 10 puntos frente al segundo que le hubiera permitido el triunfo, sino que salió segundo y ni siquiera llegó al 30 por ciento de los votos. Durante los últimos meses parecía que Milei podía triunfar en primera vuelta y su triunfalismo le impidió percibir que el rechazo a su persona y planteos es muy superior a la adhesión que genera su discurso antisistema. 

En los días posteriores a la primera vuelta Massa se presentó como un hombre de Estado, capaz de hablar con gobiernos tan disímiles como Estados Unidos y China, y garantizar estabilidad política y emocional aunque los números de la economía sean un punto extremadamente débil.  Milei, por el contrario, apareció en público desencajado y dispuesto a negociar el apoyo de la misma “casta” a la que horas antes denostaba.  Para el balotaje donde tiene que remontar una diferencia no menor, está tejiendo una alianza con el expresidente Mauricio Macri (2015-2019) que lidera la coalición Juntos por el Cambio.  A pesar de haberlos atacado virulentamente y de haberlos calificado de miserables los necesita porque obtuvieron un 23,8 por ciento de los votos y tienen estructuras en todo el país.  A diferencia de Donald Trump que se apoderó del partido republicano, de Jair Bolsonaro que conocía los mecanismos institucionales y sumó apoyo de las Fuerzas Armadas, o de VOX que surge de las entrañas del Partido Popular en el Reino de España, Milei es un verdadero “outsider”.  Por dicho motivo necesita imperiosamente sumar apoyos.

Claro que en política 2 + 2 no suma 4.  El personaje mediático extravagante de unos años atrás ahora se pasea con una motosierra dispuesto a arrasar con todo y ya ha sido calificado de fascista o émulo de Hitler.  Varios sectores de Juntos por el Cambio han manifestado que de ninguna manera apoyarán a Milei, especialmente aquellos identificados con la figura del expresidente Raúl Alfonsín (1984-1989) impulsor del juicio a los máximos responsables de la dictadura militar (1976-1983).

A cuarenta años del retorno de la democracia y después de haber protagonizado el juicio a los militares responsables de torturas, secuestros, asesinatos y desapariciones y ser un ejemplo para el mundo, la aparición de un candidato que niega y coquetea con la reivindicación de la dictadura (1976-1983) no es algo fácil de digerir para grandes sectores de la sociedad argentina que ya están manifestando su rechazo a Milei. 

Nada de esto sería posible sin suscriptores