Estados Unidos indulta al petróleo venezolano ¿Por qué ahora?

El hecho de que este levantamiento de sanciones se dé unos días después de que Israel empezara a bombardear indiscriminadamente Gaza en respuesta al ataque de Hamás contra civiles israelíes, no es ninguna casualidad
Nicolás Maduro habla sonbre el acercamiento con Estados Unidos — DW / Youtube

La semana pasada EEUU levantó las sanciones al petróleo, el gas y el oro de Venezuela, después de años de embargo. Se hizo luego de que el gobierno de Nicolás Maduro haya firmado unos acuerdos con la oposición venezolana que, entre otras cuestiones, fijan las elecciones presidenciales para el año 2024. De momento, la medida es temporal: estará vigente durante seis meses y se renovará si Venezuela cumple su parte del acuerdo.

El hecho de que este levantamiento de sanciones se dé unos días después de que Israel empezara a bombardear indiscriminadamente Gaza en respuesta al ataque de Hamás contra civiles israelíes, no es ninguna casualidad. Tiene una relación directa con el estado del mercado petrolero global y la influencia que un largo conflicto en Oriente Próximo podría tener sobre los precios de crudo.

Si bien los pasos hacia la recuperación de la industria petrolera venezolana se han empezado a tomar hace más de un año, justo después de la invasión rusa de Ucrania, ahora el asunto ha cobrado más urgencia. Primero, porque lo que está haciendo Israel contra Gaza, complica muchísimo el entendimiento con Arabia Saudí. Nunca ha sido fácil convencer a sus jeques para que aumenten la producción petrolera dentro de la OPEP (para, de esta forma, reducir los precios a nivel internacional), y el acuerdo de paz que iban a firmar Riad y Tel Aviv, con mediación de Washington, parecía un factor importante en esa labor. Ahora, con más de 2000 niños palestinos muertos, el futuro de ese acuerdo de paz es más que incierto. Las esperanzas de que el crudo barato llegue de los países del Golfo se desvanecen, así que es crucial asegurar el abastecimiento y mejor que quede todo más cerca.

En caso de que las sanciones contra Venezuela se levanten de forma permanente, el país caribeño, que actualmente produce unos 800.000 barriles diarios, podría aumentar su producción petrolera un 25%, según cálculos de Bloomberg. Estaríamos hablando de unos 200.000 barriles más que entrarían en el mercado de crudo.

Esos volúmenes extra pueden ayudar a mantener bajo control tanto los precios dentro de EEUU, como el mercado energético europeo que costó mucho conquistar amparándose en la lucha contra Putin.

Y también son necesarios en caso de una gran guerra en Oriente Próximo. Porque un conflicto largo que involucre a varios actores tendrá consecuencias directas en las rutas petroleras, en los flujos de abastecimiento y en todo el mercado energético global.

Si se produce la invasión terrestre de Gaza y la geografía del conflicto se expande, veremos afectadas las vías de suministro global. Una de esas vías es el Canal de Suez, ubicado en el territorio de Egipto, cerca de la frontera con Israel. En marzo de 2021 el tránsito en el canal quedó bloqueado por el portacontenedores Ever Given.

El atasco paralizó el flujo comercial y provocó pérdidas por unos 10.000 millones de dólares diarios.

Cada año, a través del canal de Suez se transportan millones de toneladas de crudo, derivados petroleros y de gas licuado. Una obstrucción de esta vía puede generar una importante subida de precios del petróleo, porque transportar ese crudo por las rutas alternativas, esquivando África, va a costar lo suyo.

Si el conflicto involucra a Irán, habrá que ver sus declaraciones sobre el tránsito en el Estrecho de Ormuz, una de las vías más importantes en el mercado petrolero y un corredor marítimo que une el Golfo Pérsico con el Océano Índico. En 2018, hace 5 años, el flujo diario del crudo a través de ese estrecho equivalía al 21% de todo el consumo mundial de petróleo: más de 20 millones de barriles.

El pasado jueves por la noche, luego de que se anunciase el acuerdo con Venezuela, Biden dio un discurso a la nación desde el despacho Oval. Pidió al Congreso 100.000 millones de dólares para un nuevo paquete de ayuda para Ucrania y otro para Israel

El pasado jueves por la noche, luego de que se anunciase el acuerdo con Venezuela, Biden dio un discurso a la nación desde el despacho Oval. Pidió al Congreso 100.000 millones de dólares para un nuevo paquete de ayuda para Ucrania y otro para Israel. Dijo que se trataba de “una inversión inteligente que traerá dividendos a la seguridad de EEUU durante generaciones”. Con ese anuncio de la millonaria inversión “en seguridad”, o sea, en la guerra, parece evidente que en Washington se están preparando para un escenario de eso mismo: de guerra.

El caso es que en respuesta a esas “inversiones” estadounidenses “en seguridad”, los países que controlan de alguna manera las rutas petroleras pueden recurrir a otro tipo de “inversiones”. “Invertir” en su bloqueo, por ejemplo, o en el embargo contra países que apoyen a Israel en su tarea de borrar Gaza de la faz de la tierra.

En 1973, en respuesta a la guerra del Yom Kipur, la OPEP detuvo la producción de crudo y estableció un embargo para el suministro de petróleo a EEUU, Reino Unido, Canadá, Japón y Países Bajos, por su apoyo a Israel. Así se dio lugar a una etapa que se conoce como la crisis del petróleo de 1973. Las consecuencias se sintieron en el mundo entero: el precio de un barril casi se triplicó, hubo cortes de suministro que aceleraron la recesión económica.

Finalmente, dos meses después el entonces secretario del Estado Henry Kissinger llegó a un acuerdo con el rey saudí, Feisal bin Abdulaziz, para que dejaran de usar lo que se denominó como “el arma del petróleo”.

¿Podemos estar seguros de que esa arma del petróleo no se vuelva a usar o a enseñar, en el escenario de un conflicto mayor en Oriente Próximo? No sé nosotras, pero Washington, evidentemente, está asegurándose vías alternativas, por si las de siempre le fallan.

De ahí el levantamiento de sanciones contra Venezuela, de ahí el apoyo a Guyana donde se encontraron yacimientos importantes en la zona de Esequibo que Venezuela reclama, de ahí el aumento de extracción y producción en Brasil, en Argentina, en Surinam. Se calcula que para el año 2030 en América Latina se producirán unos 9 millones de barriles de petróleo al día, un equivalente a la producción de Rusia y Arabia Saudí juntas.

Y como todo tiene que ver con todo, es muy probable que esa normalización con Venezuela y ese aumento de la producción petrolera en lo que EEUU considera su patio trasero tenga su efecto mariposa en otras regiones del mundo. Además de alejar el sueño del capitalismo descarbonizado, que no parece ni mucho menos cercano actualmente. Más bien al contrario.

Aquí se puede ver el capítulo completo de La Base en el que se trató el tema:

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