¿Por qué Elon Musk se mete en la política de Brasil?

Elon Musk sostiene un pulso abierto con la justicia brasileña con motivo del bloqueo de cuentas bolsonaristas difusoras de fake news y discursos de odio exigido por el Tribunal Supremo Federal. La injerencia de Musk en la política brasileña conecta perfectamente con los intereses económicos de empresas de su propiedad como Starlink y Tesla
Jair Bolsonaro / Twitter (X)

En la noche del seis de abril, el Departamento de Asuntos Globales de X (ex Twitter) hacía público en su propia red social el siguiente mensaje:  “X Corp. se ha visto obligada por decisiones judiciales a bloquear ciertas cuentas populares en Brasil. Hemos informado a esas cuentas que hemos tomado esta medida. No sabemos los motivos por los que se han emitido estas órdenes de bloqueo. No sabemos qué publicaciones supuestamente violan la ley. Se nos prohibe decir qué tribunal o juez dictó la orden, ni con qué fundamento. Tenemos prohibido decir qué cuentas se ven afectadas. Nos amenazan con multas diarias si no cumplimos. Creemos que dichas órdenes no están de acuerdo con el Marco Civil de Internet o la Constitución Federal de Brasil, y las impugnaremos legalmente siempre que sea posible. El pueblo de Brasil, independientemente de sus creencias políticas, tiene derecho a la libertad de expresión, al debido proceso y a la transparencia de sus propias autoridades.”

Este comunicado tuvo lugar a posteriori de una decisión de Alexandre de Moraes, juez del Tribunal Supremo Federal de Brasil, pieza clave en la disputa que el Estado brasileño tiene contra el bolsonarismo digital y sus campañas de agitación política fundadas en fake news y discursos de odio. La decisión de De Moraes, sobre quien hoy pesa una senda campaña en redes sociales en la que se le acusa de atentar contra la libertad de expresión, ocurre pocas semanas después de que fuera de público conocimiento que, en efecto, el asalto a la Plaza de los Tres Poderes en enero de 2023 fue parte de un complot golpista diseñado por Jair Bolsonaro y en el que habría de jugar un papel decisivo el ejército de trolls y bots de la derecha radical brasileña.

El magnate Musk intervino personalmente en la causa abierta en Twitter alegando que De Moraes “ha traicionado descarada y repetidamente la constitución y al pueblo de Brasil”, así como que “debería dimitir o sufrir un impeachment. Numerosos líderes del bolsonarismo y de la derecha brasileña hicieron lo propio en la misma red social, tanto así que el asunto se tornó central en la discusión pública en Brasil. Musk persistió en su pulso con la justicia brasileña, quien a través del propio De Moraes recordó que las redes sociales “no son tierra sin ley” y que sus magnates no pueden obstruir la justicia ni desobedecer las órdenes judiciales de los países donde operan sus empresas. La orden concreta fue contundente: cerca de 20.000 dólares de multa por cada perfil baneado que Twitter vuelva a activar.

Elon Musk podría optar por extender su conflagración contra el Estado brasileño a tal punto que la justicia determine el cese de las actividades del monopolio informativo en el país. Al fin y al cabo, pese a que Brasil alberga un número considerable de usuarios de la plataforma, lo cierto es que la expansión global de la misma es capaz de compensar la salida de un mercado tan grande como el brasileño; simultáneamente, la posibilidad —cada vez más naturalizada— de emplear VPNs para burlar las limitaciones nacionales al uso de ciertas webs, restan gravedad empresarial a la posible decisión de cortar lazos con el país.

Como sea, lo cierto es que entre Elon Musk y la política brasileña existe una relación íntima. Bolsonaro, quien compartió también en Twitter un vídeo con Musk en 2022 en el que se refería a él como un “mito de nuestra libertad”, forma parte del engranaje ideológico de la derecha radical, que es continental en primera instancia y global en segunda. No por casualidad, Musk restableció la cuenta del ex presidente estadounidense Donald Trump poco después de absorber las acciones de la red social y hacerse con su control.

Este caso de injerencia en los asuntos políticos de América Latina por parte de Elon Musk no es una novedad. Durante la campaña presidencial en Argentina, y después de ella, ha mostrado su sintonía y su apoyo político directo al presidente Javier Milei. Previamente, tal como denunció el ex presidente de Bolivia, Evo Morales, tras el golpe que la derecha nacional ejecutó tras su victoria electoral en 2019, Elon Musk había apoyado la exitosa conspiración golpista contra el líder del MAS. De hecho, en la propia red social declaró: “haremos golpes contra quien queramos; asumidlo”.

El interés de Musk en Brasil

Pero ¿cuál es el interés estructural del magnate estadounidense en Brasil? Al margen de la disputa coyuntural en el plano legal, es innegable que Musk tiene una particular urgencia en inferir en los asuntos políticos de Brasil para salvaguardar sus intereses económicos. En primer lugar, Starlink, subsidiaria del monopolio SpaceX, controla cerca del 50% de la cuota del mercado de internet satelital en la Amazonía brasileña. Esta práctica, típicamente monopolista-imperialista, consistente en el control vía inversión de capital de las infraestructuras en las periferias, reviste a SpaceX unos beneficios colosales, además de otorgarle la posibilidad de expandir sus actividades en Brasil y otros países latinoamericanos. Justificado en la retórica filantrópica de portar servicios de Internet a remotas regiones de la selva brasileña, Musk ha logrado consolidar su dominio del sector, no sin la autorización de la Agencia Nacional de Telecomunicaciones de Brasil (Anatel) en 2022, cuando Jair Bolsonaro era todavía presidente.

Pero, además, el litio brasileño constituye un activo valiosísimo para Tesla, otra de las empresas de Musk. Ya en 2022 realizó una visita al país atravesada por sus intereses por hacerse con el “oro blanco” del Gigante latinoamericano. El reciente descubrimiento por parte del Servicio Geológico Brasileño de numerosas reservas de litio en el valle de Jequitinhonha, en Minas Gerais, confiere al Brasil una nueva dimensión en su ya de por sí estratégica valía para el monopolio automovilístico de Musk, para el que las baterías de litio son imprescindibles. El dueño de Twitter está interesado en la compra de Sigma, una de las empresas que opera en la actualidad en las explotaciones de litio en Minas Gerais, aunque parece rezagado en relación a la compañía china BYD a este respecto. El relativo control de la extracción del litio brasileño podría tornarse determinante para los intereses empresariales de Tesla, en particular si Argentina, Chile y/o Bolivia optasen en un futuro por planes estatales de gestión de sus recursos.

Más aún, el control de Musk sobre el “Triángulo del Litio” —Argentina, Bolivia y Chile— no está en absoluto asegurado a largo plazo. La demanda sobre los tres países se prevee en aumento durante los próximos años, no solo por la estratégica importancia de este material en las baterías de los aparatos eléctricos, sino también por el todavía embrionario estado de la industria en los tres países. En Bolivia, de hecho, todavía no están en activo los yacimientos. Chile, el país con los yacimientos más valiosos, ya ha diseñado una Estrategia Nacional del Litio que complica la injerencia y el control del recurso por parte de los monopolios extranjeros. La propia Bolivia especificó durante el gobierno de Evo Morales que toda inversión extranjera ha de hacerse en colaboración con Yacimientos de Litio Bolivianos, una empresa estatal del país. Al margen de la estrategia de laissez faireo, más bien, laissez usurpar— de Javier Milei, lo cierto es que Elon Musk va a necesitar un dominio político sobre los gobiernos latinoamericanos para hacer valer sus intereses.

La producción de automóviles eléctricos deberá contar con los países de la región que poseen este recurso, y su gestión estatizada con toda probabilidad impulsará a magnates como Musk a profundizar dinámicas injerencistas sobre la política de estos estados. La toma de posiciones en Brasil y la vinculación orgánica con el bolsonarismo es un paso inteligente que desvela la perspectiva extractivista de Musk sobre Brasil y sobre toda América Latina.

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