Zapatismo en su aniversario: los otros mundos posibles se reinventan (y bailan)

Tan solo entre 2019 y 2022, se han registrado más de 110 ataques contra zapatistas, entre los que se incluyen secuestros, ataques armados, quema de inmuebles, asesinatos y desplazamientos forzados
 El líder del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), subcomandante Marcos — YouTube

El movimiento indígena más emblemático del mundo llegó este 1 de enero al 30 aniversario de su levantamiento en armas. Acosado por la militarización, paramilitarización y el crimen organizado, el zapatismo se valió de la fuerza de su autonomía para abrirse nuevamente a miles de personas en medio de una reorganización interna que apunta a fortalecerse en su democracia directa y en la subversión de la propiedad privada.

Dolores Hidalgo, en la Selva Lacandona, tierra recuperada en 1994 de las garras de los finqueros que con violencia se enseñorearon de los territorios, fue el lugar elegido para celebrar la resistencia de los pueblos indígenas que hace tres décadas rasgaron la falsa tranquilidad del neoliberalismo y del proclamado fin de la historia. Obras de teatro que muestran los impactos de la crisis climática, que explican la nueva organización interna y que recuperan su historia de sufrimiento y rebelión; torneos deportivos; talleres; una demostración militar a ritmo de ska y cumbia y una organización de evento e infraestructura impecables enmarcaron los días de (re)encuentro.

La guerrilla maya que propulsó al movimiento indígena al primer plano de la política en México; que desnudó la falsedad de un Estado-Nación fundado sobre el exterminio de los pueblos; que le quitó carta de naturalidad al racismo y a la desigualdad; que dio lenguaje y sentido al muy diverso movimiento altermundista frente al neoliberalismo, y que cambió la subjetividad política y el sentido de lo posible para centenares de miles de personas y organizaciones, enseñó que sigue viva, crítica, autocrítica, rebelde e irreverente. Las nuevas generaciones zapatistas, aquellas crecidas en la autonomía y la resistencia, fueron en su mayoría las encargadas de proporcionar seguridad, alimentación y abrigo a quienes viajaron para llegar a la Lacandona lo mismo desde el Kurdistán que desde Tijuana.

La propuesta de la autonomía

El EZLN, un ejército que nació para dejar de ser necesario, lanzó diversas iniciativas de organización de la sociedad civil nacional e internacional desde el inicio de su vida pública. Paralelamente, en conjunto con el movimiento indígena en México, mantuvo mesas de diálogo con el Estado y movilizaciones dirigidas a lograr una reforma constitucional que reconociera los derechos de los pueblos indígenas -los conocidos como Acuerdos de San Andrés.

Sin embargo, a lo largo de los años se hizo evidente que el Estado no estaba dispuesto a permitir una reforma de gran calado. La traición a los acuerdos por parte de todas las fuerzas políticas y la persistencia de la política contrainsurgente —que perpetró a masacres que hoy siguen impunes— llevaron a que los zapatistas decidieran separar su camino de la política institucional e implementar los acuerdos traicionados en su territorio ejerciendo su derecho a la autonomía y a la libre determinación.

Los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ) y las Juntas de Buen Gobierno fueron las figuras de gobierno propio bajo las cuales los pueblos zapatistas comenzaron a construir sus propios sistemas de salud, educación, agronomía y cooperativas, que respetan la cosmovisión de los pueblos a la vez que se nutren de conocimiento propio y externo para mejorar y cuidar las vidas. El ejemplo cundió, y otros pueblos indígenas fueron recuperando sus territorios y tomando en sus manos su destino ante los embates del crimen y de las empresas.

Las iniciativas de organización hacia afuera, de compartición y de reflexiones políticas -siempre ancladas en la realidad concreta- continuaron con menor o mayor exposición mediática, mientras los pueblos indígenas afines se nuclearon en el Congreso Nacional Indígena. Baste mencionar como ejemplos a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, la Escuelita Zapatista, o el seminario “El Pensamiento Crítico frente a la Hidra Capitalista”. Más recientemente, el recorrido de Marichuy, buscando escuchar dolores y convocar alianzas a lo largo del país y la Declaración por la Vida.

La pesadilla

Pero la expansión de la vorágine desarrollista y la violencia criminal comenzaron a golpear y avasallar los territorios indígenas, incluidos los zapatistas, que debieron concentrarse en sobrevivir ante el abandono o complicidad institucional, como lo han hecho a lo largo de los últimos cinco siglos. En Chiapas, la fusión de paramilitares, cárteles del crimen y grupos políticos de todos los signos han configurado un ambiente marcadamente hostil contra las comunidades zapatistas y otras organizaciones que defienden territorios y vida. Tan solo entre 2019 y 2022, se han registrado más de 110 ataques contra zapatistas, entre los que se incluyen secuestros, ataques armados, quema de inmuebles, asesinatos y desplazamientos forzados. Por otra parte, los programas gubernamentales han provocado peleas, divisiones y ruptura del tejido comunitario en los pueblos.

A ese ambiente ha contribuido una renovada campaña de calumnias con viejos argumentos. A los zapatistas se les acusa de no haber solucionado la pobreza en Chiapas ni haber cambiado la situación material de los pueblos indígenas en México —cosa que ni a los gobiernos se les exige—, de ser conservadores por no apoyar al gobierno en turno -con quien el CNI choca por la imposición de megaproyectos y la militarización-, o de ser un “invento de (el expresidente) Salinas”. La difamación se ha extendido contra los pueblos indígenas que se oponen a los megaproyectos y contra otros movimientos sociales.

Dentro de esta hostilidad, los pueblos zapatistas han comenzado a reinventarse una vez más para seguir viviendo. Tras un proceso de reflexión colectiva, y volviendo a la sabiduría y la memoria ancestrales, las y los zapatistas han decidido dar la vuelta a su organización política civil -y aplanar el esquema- y fortalecer lo común como base de su vida.

Esos han sido los mensajes de los más recientes comunicados, y de la celebración del 40 aniversario de la fundación del EZLN, 30 de la guerra contra el olvido y 20 de los Caracoles. Se trata de un discurso coherente con sus principios y con su carácter indígena mayense, maduro, con densidad y con sentido emancipatorio y de urgencia. Las palabras hablan del ejemplo de las mujeres zapatistas, cuestionan la barbarie capitalista que nos lleva al colapso climático y ponen por delante de cualquier iniciativa el cuidado de la vida y de los comunes para las futuras generaciones.

Las zapatistas están más allá de la disputa por el poder estatal. Esto sin duda les granjea incomprensión y enemigos entre quienes limitan su esperanza a ello, pero también les ha dado la libertad para construir un poder diferente, que mira generaciones por delante.

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