25 años de ‘Los Soprano’, la serie que llevó la televisión a codearse con las obras maestras del cine

¿Por qué esta genial creación de David Chase es, para muchos, la mejor serie de todos los tiempos y la que lo cambió todo en la televisión?
Portada de la serio Los Soprano

Casi cualquier experto en televisión concluye que Los Soprano es la serie que lo cambió todo y la que inauguró lo que se conoció como “La era dorada de la televisión”. En aquel 1999 las series estrella eran Sexo en Nueva York, Embrujadas o Dawson Crece y un domingo, 10 de enero, los espectadores vieron cómo a Tony Soprano, un fabuloso James Gandolfini, le daba un ataque de pánico en su piscina. La respuesta de la crítica al piloto no se había visto nunca, los elogiosos párrafos dedicados a aquel episodio piloto sobrepasaron las expectativas de David Chase, su creador.

Y las sobrepasaron con creces. Antes del estreno, Chase pensó que otra historia de la mafia no engancharía a la gente. Temió que hasta se reirían de la serie, de ese tipo duro haciendo terapia. Con los primeros episodios rodados y editados, los que rodaron esos primeros capítulos no esperaban que aquella serie les iba a cambiar la vida y que la propia serie iba a cambiar la televisión tal y como se conocía. Edie Falco, Carmela Soprano en la serie, le dijo a Chase: “Bueno, supongo que eso es todo para nosotros”. Y él le respondió sin darle esperanza alguna: “Sí, creo que sí”.

Se equivocaron. También James Gandolfini, que pensó que jamás sería elegido como Tony Soprano. Llevaba años destacando como secundario en películas como Amor a quemarropa, Marea roja o Acción civil, pero nadie le quería como protagonista. Cuando se presentó a la prueba de casting, no le salía lo que había preparado, se trastabillaba, se sentía ridículo haciendo de aquel mafioso. Finalmente, hizo un largo e incómodo silencio, cerro los ojos, meneó la cabeza, se disculpó y, muy cabreado, abandonó la prueba. En realidad, Gandolfini (que murió de un ataque al corazón en 2013) no sabía que había logrado el papel de su vida desde el mismo momento en el que David Chase lo vio entrar por la puerta.

Los Soprano fue tal pelotazo que tuvo 86 episodios y 7 temporadas cerradas en un muy controvertido final que no desvelaremos aquí por si todavía hay algún suertudo lector que no ha disfrutado de la serie. Los Soprano logró 21 premios Emmy y cinco Globos de Oro y, en una época en la que todavía existían los videoclubs, dio a los espectadores una buena razón para suscribirse a la cadena de pago HBO. La competencia rabiaba por haber rechazado la serie.

¿Qué demostró Los Soprano para ser tan única e importante? Para empezar, que la televisión podía ser tan respetada como el cine. La serie nada tenía que envidiar a una película de Martin Scorsese o a una obra de Arthur Miller, cualquiera de sus episodios estaba a la altura, artísticamente, de las mejores creaciones norteamericanas. Además, demostró que la televisión podía crear arte de primera y ser muy popular, como el cine. Y para acabar: la serie expuso que, como dijo el maestro de guionistas William Goldman, nadie sabe nada. Chase presentó el proyecto de Los Soprano a los directivos de todas las grandes cadenas, pero no vieron nada atractiva la historia de un capo de la mafia en crisis. Desesperado, su última opción era HBO, pero entonces solo tenía 11 millones de abonados. El resto es historia.

Para la HBO, Los Soprano no solo supuso una enorme inyección de capital y un aumento de valor de la cadena, también la empujó a la confección de una serie de fabulosas ficciones que hicieron historia en la televisión y que millones de cinéfilos devoraron con regocijo. Mad Men y Breaking Bad son impensables sin Los Soprano. Gracias a la serie de Chase, HBO, empresa creadora también de hitos televisivos como The Wire, Deadwood o Chernobyl, se convirtió en una marca mundialmente ligada a la altísima calidad televisiva. HBO, sencillamente, no tenía competencia.

Y ninguna de sus series tuvo el impacto cultural que logró Los Soprano. Ni su poder de atracción a nuevas generaciones, como los eternos Padrinos de Coppola. En 2020, cuando el mundo entero se detuvo por la pandemia de COVID-19, Los Soprano fue la serie más popular entre los espectadores encerrados en sus casas con un aumento del 122% en la audiencia del Reino Unido y del 200% en la de Estados Unidos. Si había que pasar un encierro por cuarentena, se pasaba mejor con Tony y familia.

Pocos han logrado una creación tan imperecedera como David Chase, cuyo debut como director de televisión lo hizo en un episodio de la famosa serie Alfred Hitchcock presenta y también trabajó (solo por dinero) en Doctor en Alaska. Chase, gran cinéfilo y amante del cine europeo, quería abandonar temporalmente el mundo de la televisión americana, del que estaba harto, y hacer un largometraje sobre un mafioso en terapia que tiene problemas con su madre. Esa era la idea, el brevísimo logline. Pero su mánager le convenció de que lo mejor era presentar la idea como una serie.

Lo que lograron Chase y su equipo con los guiones de Los Soprano es que nos pareciese igual de atrayente el mundo criminal de la mafia que la ansiedad y la masculinidad tóxica de Tony, el autoengaño y la sexualidad reprimida de Carmela, la rebeldía de Meadow, la inocencia de A. J, las estúpidas ambiciones de Christopher, la patética debilidad de Artie, las manipulaciones de Janice o la demencia senil de Junior. Los Soprano es una serie realista, no de acción, aunque en ella hay mucha y buena acción. Lo definió muy bien Chase: “Quería contar la historia sobre la realidad de ser un mafioso, o lo que percibía como la realidad de la vida en el crimen organizado. No se disparan todos los días, se sientan a comer ziti gratinado y a apostar y a averiguar quién le debe dinero a quién. Y de vez en cuando estalla la violencia”.

Los Soprano tiene la profundidad y la construcción de una gran película y hasta de una gran novela. La creación de todos los personajes es grandiosa. Y todos los traumas y conflictos internos de Tony Soprano (vive en la tensión de ser asesinado por sus enemigos, cazado por el FBI y descubierto yendo a terapia, lo que demuestra una gran debilidad) no tienen nada que envidiar a la horrible culpa de matar a su hermano y a los ataques de diabetes de Michael Corleone en El padrino III o a la atracción por su propia hermana de Tony Camonte en las dos versiones de Scarface. Es más: Tony Soprano es superior como personaje. El líder de los Soprano está más y mejor construido. No es un sacrilegio cinéfilo, es un hecho.

Y para colmo de genialidad, Los Soprano usó el formato más manido y exitoso de la televisión, la serie familiar, para darle la vuelta y volarlo todo por los aires. Los Soprano no deja de ser una serie familiar con padre cascarrabias y habituado a los ataques de ira, una madre pragmática y protectora, una hija mayor rebelde, un hijo menor tontorrón, una abuela insoportable… Hay que ser un genio para lograr esta reinvención y lograr una enorme serie que, además, gustó al público familiar.

En 1972, cuando Francis Ford Coppola estrenó El padrino, la gente solo esperaba otra de película de mafiosos y se encontraron con una obra maestra que muchos han considerado la mejor película de todos los tiempos. Casualmente, cuando, en 1999, se estrenó Los Soprano, la gente solo esperaba otra serie de mafiosos y se encontraron con una obra de arte de la televisión que otros muchos consideran como la mejor serie de todos los tiempos. ¿Qué tendrá la mafia?

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