“Disintegration”, la consagración de The Cure

Octavo álbum de los británicos que marcaría un antes y un después en la carrera de la banda. Esta vuelta de tuerca más sombría, triste y melancólica se convirtió, de la noche a la mañana, en el álbum más éxitoso y vendido de la banda

Todavía tengo fresco en la memoria el recuerdo de ver por primera vez el vídeo de “Lullaby” en  televisión. Una mezcla de miedo, atracción y rechazo me produjo ese primer visionado donde se podía contemplar la imagen de un Robert Smith tendido en una cama esperando su trágico final a manos, o mejor dicho, a patas de una araña. No solo yo quedé impactado, se quedo así medio mundo y la leyenda de The Cure comenzó a subir como la espuma. Pero como siempre, y como se debe de hacer, debemos comenzar por el principio de los hechos para entender la llegada de Smith a las fauces de ese hombre araña hambriento.

Octavo álbum de los británicos que marcaría un antes y un después en la carrera de la banda. Lol Tolhurst miembro fundador de The Cure, sería echado de la formación tras finalizar las mezclas de este disco. La inclusión de Roger O’ Donnell a los teclados nada hacía presagiar un gran futuro para Tolhurst que se encontraba inmerso en una espiral de autodestrucción personal debido principalmente a su alcoholismo. Su aportación en el álbum fue casi testimonial, hasta que la banda no pudo aguantar más la situación.

Por otra parte “Disintegration” viene marcado por el momento de salud tanto física como mental de Robert Smith. El líder de la banda británica se encontraba en un momento oscuro de su vida. La crisis de los 30, la popularidad del grupo que obligaba a componer más de cara a la galería que realmente en base a los gustos de The Cure, y el acercamiento a las drogas alucinógenas por parte de Smith, dieron como resultado una obra totalmente marcada por todos estos acontecimientos. The Cure vuelve de nuevo a su esencia gótica ochentera para abandonar el aire pop que les había dado popularidad con su anterior disco “Kiss ME, Kiss Me, Kiss Me” (1987).

Paradójicamente esta vuelta de tuerca más sombría, triste, melancólica etc... se convirtió de la noche a la mañana en el álbum más exitoso y vendido de la banda. Temas como “Lovesong”, la ya mencionada “Lullaby”, o “Pictures Of You”, trajo consigo la conoración absoluta de The Cure como banda de masas. La formación de Robert Smith y compañía se erigió junto a Depeche Mode en el refugio de mucha gente incomprendida que no encontrara su sitio en la explosión del rock a finales de los 80 y principios de los 90. Con la publicación un 2 de mayo de 1989 de “Disintegration” ya nada sería igual para ellos.

Smith quiso reflejar en este disco el mundo oscuro y lleno de dudas que se cernía día a día sobre él. En un mar de incomprensión y dudas, quiso salir a flote con este puñado de canciones que reflejan su estado emocional. Un laberinto de pasiones e inseguridades que casi terminan abrazando la locura. Un disco que fue catársico para su persona y a la vez para la de todo el grupo. Smith empezó a escribir el álbum al margen del resto de la banda, todo era deprimente y angustioso. El resto de la banda también comenzó a componer por su lado, antes de entrar en los estudios Hook End Manor, ya habían elegio 12 temas de los más de 30 que tenían. Smith propició un ambiente enrarecido para así dotar al disco de una mirada más sombría si cabe a todo lo que rodeaba en ese momento, aún así la grabación estuvo rodeada de buenos momentos y distensión absoluta. Smith se reunió de nuevo con su guardia pretoriana, Simon Gallup al bajo, Porl Thompson a la guitarra, Boris Williams batería y el recién llegado Roger O´ Donnell para crear una obra maestra absoluta.

Todo iba según lo establecido por Smith, salvando las movidas con Tolhurst que dieron con él de patitas en la calle y la entrada de O’ Donnell como miembro permanente del grupo. Un pequeño contratiempo le surgió a la banda: Elektra Records. Su compañía norteamericana  quedo epatada por lo sombrío del disco y le pidió a la banda esperar un poco para lanzarlo, a ver qué decidían hacer. No tenían claro publicarlo, ya que era despojar al grupo del aura pop exitosa que ya habían alcanzado. Al final, claro está, tuvieron que claudicar ante tal maravilla de canciones.

Y es que cada una de las canciones que componen este álbum son pequeñas joyas a las que tenemos que atender, dar su espacio, ya que tienen vida propia.

El comienzo con “Plainsong” no puede ser de lo más sugerente. Base techno con una guitarra punteando por encima, nos lleva hasta casi la mitad de la canción a esperar la voz fúnebre de Robert Smith. Porque esta canción es eso, la banda de un día lluvioso, huele a final, a despedida. No se puede empezar mejor un disco.

Sin resuello llegamos a uno de los mejores temas que ha compuesto jamás “The Cure”. “Pictures Of You” es una oda al amor, al cariño hacia tu pareja, una mirada nostálgica a fotografías que nos hacen recordar nuestros mejores momentos vividos con la persona amada. Un tema largo, profundo. Lo podríamos denominar el anti single, pero ellos tuvieron claro que sería una de las canciones bandera del disco. Parece ser que el origen del tema surge con motivo del incendio que se desató en la casa de Robert Smith, y revisando los restos encontró fotos de su esposa que se habían salvado de la quema.. una maravilla poética.

Como puente de enlace para el tema que después viene, surge “Closedown”, una canción en la que la sección rítmica se hace presente de manera pausada, casi frágil pero que dota de una energía maravilloso a todo lo que rodea este tema.

Otro de los platos fuertes de “Disintegration” es la perfecta “Lovesong”. Una vuelta a los The Cure más edulcorados y popis. Se lanzó como tercer sencillo del disco y fue uno de los grandes éxitos del mismo. Es una canción optimista, sencilla, sin recovecos oscuros. El propio Robert Smith así lo dice: “Es una muestra abierta de emoción. No se trata de ser inteligente. Me llevó diez años llegar al punto en el que me siento cómodo cantando una canción.

“Last Dance” trae de nuevo la tristeza y la oscuridad al horizonte del disco. La voz de Smith suena a lamento, a desesperación. Los acordes de la guitarra con la base de teclado nos llevan de nuevo en volandas hacia sitios turbios... todo ello para desembocar en “Lullaby”.

No hay que ser un lince para saber que nos encontramos ante la mejor canción del disco y una de las mejores en la carrera de los británicos. Un tema tan misterioso que no tiene una interpretación única sobre el mismo. El propio Smith se encarga de hablar de pesadillas, abusos... Smith también habla de sobre las canciones que su padre le cantaba cuando era un crío y el horroroso final que tenían. El propio creador del vídeo musical que se hizo tan célebre Tim Pope, refiere que cree que todo es una alegoría de la relación del mundo de las drogas con Robert Smith. Sea como fuere esta obra maestra dejó a todo el mundo con la boca abierta. La sensación angustiosa de que una araña u hombre araña se va acercando para finalmente devorarte es sencillamente magistral. Los susurros de Smith son algo que dan de manera definitiva el toque final al tema. Me quedo también con los teclados y orquestaciones que la hacen realmente única. Se nota que me gusta, ¿no?

Llegamos a la mitad del álbum. “Fascination Street” , de nuevo melodías engarzadas sobre sintetizadores, dotan a este tema de una luz poco común en lo que al resto del tema se refiere. Vuelve el pop con tono oscuro marca de la casa. Segundo single del álbum en un esfuerzo por la banda de llegar un mayor público. Uno de los cortes más fáciles de llegar a una gran audiencia.

Olvidamos los destellos de luz para agarrarnos de nuevo a la oscuridad con “Prayers For Rain”. Al escuchar las notas de la guitarra de Smith nos hace recordar que nos adentramos en terrenos peligrosos, escenarios de Tim Burton, la maldad acechando. Compositivamente es sencillamente una obra maestra. Lo gótico lo engalana todo. La angustia reina de nuevo en el mundo de “nunca jamás” de los británicos.

Nos adentramos en la parte final del disco con los 4 últimos temas del álbum, que por cierto son los más largos. “The Same Deep Water As” es la canción a su vez más larga de la obra. Más de nueve minutos donde la lluvia es el eje central del corte, y nos adentramos en un universo que bien podría dar la mano a la banda sonora de “The Crow” de la que ellos también formarían parte. La humedad lo impregan todo. El frío te cala los huesos, no hay futuro, todo está perdido sin más.

El tema que da título al álbum “Disintegration”, da un giro a la borrachera de oscuridad a la que nos han sometido. No es de lo mejor del álbum pero sigue siendo una canción notable marca de la casa. Posiblemente sea un tema que corrobora el verdadero sonido que ellos estaban cultivando a lo largo de esos años, un pop melancólico y desenfadado pero que guardaba secretos indescriptibles en las entrañas de sus letras.

Partes de piano excelsas para un tema cuasi instrumental llamado “Homesick”. Momentos dulces, tiernos, melosos todo esto es lo que me produce la escucha de este tema. La aparición de Smith en la parte central del corte lo único que hace es ensalzar una canción extraordinariamente bella. Se va acercando el final y ellos lo saben.

“Untitled” llega con un acordeón debajo del brazo. Una sonata de despedida, donde hemos llegado a buen puerto. Una canción menos efectista que muchas del álbum pero igual de efectiva para poenr un broche de oro a un álbum para la historia.

La influencia de este álbum en ledevenir del pop de la década de los 90 fue capital. Miles de bandas han bebido de él para poder inspirarse en sus composiciones. Mas de 3 millones de copias vendidas en todo el mundo. Considerado por revistas como Rolling Stone como uno de los mejores discos de la historia. Obra maestra sin paliativos.

Sinceramente que todo lo que ha hecho The Cure no ha podido estar a la altura de este álbum. Creo que fue el “prime” compositivo de la banda, y que no han vuelto a dar esta magia en un disco. Lo importante es que aquí lo hicieron, y pasaron a la historia como una de las bandas más determinantes del pop/rock de los últimos 30 años... no todo el mundo puede decir lo mismo.

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