El caso Sancho, Episodio cero: HBO Max al más puro estilo Mediaset

Producto previsible, pobre y de baja calidad que se limita a hacer caja aprovechándose del morbo de un suceso

Lo que llamamos “suceso” en periodismo puede enfocarse de forma profesional y rigurosa o de forma amarillista e impúdica. Un suceso también puede convertirse en el inicio de una legendaria investigación periodística (el escándalo Watergate empezó con la noticia de un robo torpe en las oficinas de la sede del Comité Nacional del Partido Demócrata que cubrieron los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein) o de un no menos legendario libro (A Sangre fría, de Truman Capote, nace de una noticia sobre el brutal y absurdo asesinato de la familia Clutter, en Kansas).

Por desgracia, la crónica de sucesos suele estar más relacionada con los periodistas canallas de la obra de Ben Hecht y Charles MacArthur Primera Plana. En esta negrísima comedia los reporteros de diferentes diarios esperan, como buitres carroñeros, a que un reo sea ahorcado. En la magnífica versión de Billy Wilder se pueden escuchar frases como esta: “Necesitaremos las últimas palabras de Williams antes de morir, mientras sube los 13 peldaños. Algo con mucha garra. Si quieres, te las inventas”. 

Desde hace casi un siglo, cuando se estrenó Primera plana, nada ha cambiado, más bien ha empeorado y el sensacionalismo se ha ampliado de forma monstruosa gracias a la televisión e internet. En nuestro país el periódico de sucesos El Caso llegó a ser uno de los diarios más vendidos y hoy seguimos sufriendo unas televisiones privadas entregadas al amarillismo y a la crónica de crímenes, ya sea en sus magazines como en sus informativos. 

Vayamos al caso que nos ocupa, el de Daniel Sancho, hijo del actor Rodolfo Sacho y nieto del actor Sancho Gracia, fallecido en 2012. Sancho está encarcelado en Tailandia desde agosto de 2023 tras confesar el asesinato del cirujano colombiano Edwin Arrieta, al perecer degollado por Sancho y posteriormente desmembrado. El joven, chef profesional, reconoció a la agencia Efe haber asesinado y descuartizado a Arrieta porque este lo acosaba y lo tenía “en una jaula de cristal”.

El futuro de Sancho, a pesar de las esperanzas de su padre, bastante disparatadas, no parece muy halagüeño: la muy severa legislación tailandesa castiga los asesinatos y homicidios con 20 años de reclusión, la cadena perpetua y, en algunos casos, la condena a muerte. Aunque, eso sí, en los casos de máxima pena, la justicia tailandesa suele conmutarla por cadena perpetua.

Pero el protagonista de El caso Sancho: Episodio cero, no es Daniel Sancho, sino su padre Rodolfo. Y a parte de unas bonitas imágenes aéreas y fragmentos de programas televisivos, no nos encontramos con ninguna investigación profunda, ni con un buen montaje, ni con entrevistados que aporten luz al caso. Todo resulta urgente, precipitado y pobre. El único entrevistado, además del protagonista, es un periodista especializado en sucesos llamado Carlos Quílez, mano derecha de la presentadora del Grupo Planeta y flamante e inesperada ganadora del Premio Planeta Sonsoles Onega. En El caso Sancho: Episodio cero Quílez se encarga, principalmente, de poner en duda, y de forma bastante chusca, la legitimidad de las autoridades tailandesas.

La principal entrevista de El caso Sancho: Episodio cero está hecha por dinero. Carmen Balfagón, portavoz de la familia de Rodolfo y Daniel Sancho en España, dijo que la entrevista se debía a un “móvil económico” porque “Tailandia es un pozo sin fondo”. Y matizó: “Las declaraciones de Rodolfo son sinceras. Pero se deben a una sola cuestión: cubrir la necesidad económica que tiene un padre para intentar salvar la vida de su hijo”. Mientras, en la entrevista, Sancho sentencia tajante y convencido: “Jamás he vendido mi vida privada”.

La productora que logró hacerse con la entrevista más buscada por los medios carroñeros fue Cuarzo, fundada por Ana Rosa Quintana hace más de 20 años (vendió el 51% de sus acciones en 2008 a Banijay Group para ejecutar la venta total en 2017) y que produce telebasura como La isla de las tentaciones. Ana Rosa Quintana, por cierto, también se ha visto implicada en la explotación de este caso. El programa vespertino Fiesta, producido por Unicorn Content, empresa de la que Quintana es presidenta y máxima accionista, emitió un vídeo de pésimo gusto con la reconstrucción del presunto asesinato que incluía las dos versiones existentes, la de la fiscalía y la de la defensa.

Cuarzo, que en breve será la productora con más horas en antena en Telecinco, se ha especializado en documentales ligados a los sucesos más escabrosos como el asesino de la catana, el asesino de la baraja, la desaparición de Marta del Castillo o el caso Arny. Por desgracia, y a pesar de este currículum y de su más que deficiente producción, HBO Max, una cadena ligada a la alta calidad y al prestigio internacional, se ha aliado con Cuarzo para emitir esta miniserie ligada al espantoso caso de Daniel Sancho. 

El resultado de El caso Sancho: Episodio cero es una entrevista que Rodolfo Sancho no debería haber concedido. Se puede entender la necesidad económica, pero la forma en la que habla del caso es escalofriante. En ningún momento de la entrevista Sancho, rígido, gélido y exageradamente hermético y cauto (“no van a conseguir lágrimas de mí”), da muestras de la emocionalidad que va unida a una experiencia vital tan desgarradora. Todo lo contrario, casi como un iluminado religioso, Sancho suelta sentencias del tipo “todo es una lección”, “llevo toda mi vida preparándome para esto” o “el animal no piensa, actúa”. Y muchas veces acompaña su testimonio con sonrisas, algo realmente turbador.

Tampoco muestra el glacial Sancho una gran empatía hacia la víctima y a su familia (“me solidarizo con las emociones de la familia”, se limita a decir). Y lo que es peor: ve completamente normal una absolución tras la barbaridad cometida por su hijo. “Aquí hay dos víctimas y un fallecido”, llega a decir sin despeinarse. Sobre el proceso asevera que en él “no cuadra nada” y hasta llega a sugerir que, en determinadas circunstancias, todos somos capaces de hacer la espantosa salvajada que hizo su hijo.

Como conclusión, resulta bastante triste que una marca del prestigio y la calidad de HBO compre y emita en España este tipo de contenidos, más dignos de la mugre a la que nos tiene habituados la empresa creada por Silvio Berlusconi.

Lo mejor: las imágenes de Daniel Sancho de niño con su abuelo Sancho Gracia.

Lo peor: la espeluznante frialdad de Rodolfo Sancho y esa altivez que roza la chulería. 

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