El genocidio israelí divide más que nunca a Hollywood

En plena amenaza de una nueva caza de brujas, Jonathan Glazer, director de la oscarizada La zona de interés, consiguió apoyos a su denuncia contra la barbarie
De izquierda a derecha, James Wilson, Leonard Blavatnik y Jonathan Glazer mientras recogen el Oscar a mejor película internacional para 'La zona de interés'

No es nuevo que denunciar al sionismo pueda suponer el fin de tu carrera en la mayor industria del cine, la norteamericana. Solo hay que recordar lo que sufrió la actriz Vanessa Redgrave, narradora del documental de 1977 The Palestinian, un trabajo sobre la situación de los palestinos y las actividades de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina). Cuando Redgrave fue nominada al Oscar a la mejor actriz de reparto por Julia (filme que habla de la lucha antinazi de la escritora Lillian Hellman), miembros de la ultraderechista JDL (Liga de Defensa Judía) quemaron un monigote con su cara y ofrecieron una recompensa por su cabeza. Uno de los cines que proyectaron el documental hasta fue incendiado. La JDL también hizo un piquete frente al Dorothy Chandler Pavilion, sede de la ceremonia de los Oscar. Finalmente, John Travolta subió al escenario y dijo el nombre de la ganadora: Vanessa Redgrave.

Vanessa Redgrave

Y luciendo un amplio y elegante vestido negro, pronunció estas palabras: “Creo que Jane Fonda y yo hemos hecho el mejor trabajo de nuestras vidas. (…) Y también creo que es porque creímos y creemos en lo que estábamos expresando. Dos, entre millones, que dieron su vida y estaban dispuestos a sacrificarlo todo en la lucha contra la Alemania nazi fascista y racista. Los saludo y les rindo homenaje. Y creo que deberían estar muy orgullosos de que en las últimas semanas se hayan mantenido firmes y se hayan negado a dejarse intimidar por las amenazas de un pequeño grupo de matones sionistas cuyo comportamiento es un insulto a la estatura de los judíos de todo el mundo”. En ese momento, Redgrave fue abucheada. Más tarde, también fue amonestada por el guionista Paddy Chayefsky, hijo de padres judíos ucranianos​ que dijo estar harto de que la gente explotase los Oscar para “la propagación de su propia propaganda política personal”.

Con aquel valiente discurso por el que perdió muchos papeles en Hollywood, Redgrave se la jugó. Como se la jugó, el 10 de marzo, el cineasta Jonathan Glazer, ganador del Oscar a la Mejor película internacional por su película sobre el Holocausto La zona de interés. Glazer subió al escenario del teatro Dolby con el productor James Wilson y el empresario Len Blavatnik y dijo: “Nuestra película muestra a dónde conduce la deshumanización en su peor momento. Ha dado forma a todo nuestro pasado y presente. En este momento, estamos aquí como hombres que refutan su judaísmo y el secuestro del Holocausto por una ocupación que se ha llevado a tantas personas inocentes”.

Grazer, británico y judío, fue más valiente de lo que parece: detrás tenía a Len Blavatnik, millonario nacido en el seno de una familia judía en la Ucrania de la era soviética que levantó su imperio adquiriendo instalaciones de fundición de aluminio después del colapso de la URSS y donó 1 millón de dólares a la candidatura de Donald Trump. Blavatnik, además, apoya de tal manera a Israel que en diciembre de 2023 anunció la retención de donaciones a Harvard tras la controversia en torno a su presidenta Claudine Gay. En una oscura comisión del Congreso liderada por la diputada republicana Elise Stefanik, Gay fue interrogada sobre supuestas expresiones antisemitas en sus campus universitarios.

Claudine Gay

Al final la caza de brujas funcionó, Gay acabó dimitiendo de su cargo y el miedo se instaló en muchos campus. También en Hollywood, donde más de 1.000 miembros judíos de la industria del cine firmaron una carta denunciando el discurso de Glazer en los Oscar. Entre los abajo firmantes estaban poderosos ejecutivos, productores y representantes y en su mensaje se podía leer: “El uso de palabras como “ocupación” para describir a un pueblo judío autóctono que defiende una patria que se remonta a miles de años atrás, y que ha sido reconocida como un estado por las Naciones Unidas, distorsiona la historia. Da credibilidad al libelo de sangre moderno que alimenta un creciente odio antijudío en todo el mundo, en los Estados Unidos y en Hollywood”.

Curiosamente, Ilana Wernick, productora de Modern Family, se acordó de Redgrave, pero para mal: “Las palabras de Glazer sonaron inquietantemente similares al infame discurso de Vanessa Redgrave sobre el “matón sionista”. Lamentablemente, el odio a los judíos se impuso”. Y en un doble salto mortal con triple tirabuzón del victimismo y la propaganda sionista, el rabino Marvin Hier dijo sobre el discurso de Glazer: “No podía creerlo. Si no lo supiera, pensaría que se trata de un mitin de Hamás”.

Marvin Hier

Hier, que en 2009 criticó al cardenal vaticano Renato Martino por su comentario de que la Franja de Gaza era “un gran campo de concentración”, también ha participado en eventos de recaudación de fondos para Trump y fue el primer rabino ortodoxo en dar una bendición en la toma de posesión de un presidente estadounidense.

Pero, por fortuna, Jonathan Glazer no está solo. El primero en apoyarlo fue Ken Loach, que en los premios BAFTA, en febrero, levantó el puño mientras el guionista Paul Laverty sostenía un cartel que decía “Detengan la masacre”. Loach dijo sobre Glazer: “Su discurso fue muy valiente y estoy seguro de que entendió las posibles consecuencias, lo que lo hace aún más valiente. Glazer recibió mucho apoyo de muchos judíos porque rompió el estereotipo de que todos los judíos apoyan lo que Israel está haciendo, así que tengo un gran respeto por lo que hizo”.

Otras celebridades judías defendieron a Glazer. Por ejemplo, los actores Joaquin Phoenix y Elliot Gould, el guionista y director Joel Coen o la escritora y activista Naomi Klein, que junto a 151 celebridades judías respaldaron a Glazer en una carta publicada en la revista Variety en la que se podía leer: “Nos ha alarmado ver que algunos de nuestros colegas en la industria han malinterpretado y denunciado sus palabras. Los ataques a Glazer son una peligrosa distracción de la escalada militar de Israel, que ya ha matado a más de 32.000 palestinos en Gaza y ha dejado a cientos de miles al borde de morirse de hambre. Somos orgullosos judíos que criticamos la utilización de nuestra identidad y el recuerdo del Holocausto para justificar lo que muchos expertos en derecho internacional, incluidos algunos académicos especializados en el Holocausto, han identificado como un genocidio”.

Antes que los 151 de la carta en apoyo de Glazer, Tony Kushner, guionista de películas de Steven Spielberg como Múnich o Los Fabelman, aseguró en una entrevista con el diario israelí Haaretz que las palabras de Glazer fueron “impecables e irrefutables”. Ante un clima tan tenso, hasta el propio Spielberg, quizás el cineasta judío más popular, tuvo que manifestarse: “Hace unos meses, en una reunión de supervivientes del holocausto, una mujer de 82 años llamada Hana Rychik compartió lo que sé que muchos de nosotros deseamos: que los que actualmente están retenidos como rehenes en Gaza estén a salvo y tengan la esperanza de que volverán a casa. Necesitamos paz. Paz y comprensión. Debemos respetarnos los unos a los otros”.

Steven Spielberg

En su discurso, Spielberg omitió que Israel lleva ocupando y masacrando al pueblo palestino desde hace décadas. Y su intervención en el acalorado debate muestra una inequívoca señal: en Hollywood hay muchos nervios ante un genocidio del que la administración demócrata de Biden es asquerosamente cómplice.  

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