Eleanor Coppola, más que la matriarca de un gran clan del cine

Recordamos a la mujer de Francis Ford Coppola, madre de Sofía Coppola y responsable del documental de culto ‘Corazones en tinieblas’, rodado en el set de ‘Apocalypse Now’

Francis Ford Coppola estuvo cuarenta años intentando levantar Megalópolis, ambicioso proyecto futurista y filosófico que ningún estudio de Hollywood ha querido financiar nunca. Tras producir la película con su propio dinero y la misma semana en la que Coppola supo que Megalópolis competiría por la Palma de Oro del Festival de Cannes (que ha ganado dos veces, con La conversación y Apocalypse Now), moría su esposa, amiga y confidente Eleanor. El destino no entiende de honores terrenales.

Francis conoció e Eleanor en Irlanda, cuando Roger Corman, maestro del cine de bajo presupuesto, le dio la oportunidad de rodar su ópera prima, una película de terror que escribió en tres noches, tituló Demencia 13 y rodó en solo nueve días. En el set, un viejo castillo, Francis se enamoró de Eleanor Jessie Neil, una muchacha bajita, de voz suave y muy delgada que trabajaba en el departamento de arte. Sus amigos la llamaban Ellie y había estudiado en la UCLA, igual que Francis. Ella tenía novio, un cámara que trabajaba con Coppola, pero su relación no estaba pasando por un buen momento, algo que Francis aprovechó a pesar de haber sido siempre un desastre con las chicas.

Cuando empezaron a salir, Francis le confesó que la amaba con toda su alma y quería fundar una gran familia con ella, una familia italiana, como la de sus padres. Y vivirían con sus hijos en una gran casa que visitarían artistas de todo tipo, pintores, actores, directores y escritores a los que invitarían a comer pasta y beber vino. Tendrían hasta su propio viñedo. Y aunque eso de responsabilizarse de una gran familia no lo tenía tan claro, Ellie acabó aceptando casarse con Francis. Y lo hicieron en las Vegas, acompañados de unos pocos familiares y amigos que se corrieron la juerga padre.

Seis años y dos películas después, Francis fundó con George Lucas la empresa American Zoetrope, con la que querían retar a los grandes estudios con un cine libre y sin imposiciones mercantiles. En plena era hippie y en San Francisco, Coppola también ambicionaba reunir a una comunidad de artistas. Eleanor ayudó a reformar el edificio donde estaría la sede de American Zoetrope y logró, como decoradora profesional que era, un ambiente moderno y colorista, con grandes tapices, telas Marimekko finlandesas, alfombras de colores, sofás inflables de plástico comprados en Europa. Pero, por desgracia, el proyecto Zoetrope no acabó de cuajar. Así lo explicó ella: “Francis siempre había querido estar en esa maravillosa comunidad de artistas en un momento sobre el que la gente hablaría como una especie de época dorada. Francis gastó mucho dinero y energía intentando que eso sucediera y cuando no fue así se sintió airado y frustrado”.

Para salvar a American Zoetrope de la ruina y tras el desastroso estreno de THX 1138, de George Lucas, Coppola aceptó rodar El padrino para Paramount ya cambio de un 6% de los beneficios de taquilla. En el rodaje, en Nueva York, Eleanor, que estaba embarazada de Sofia, vivió con Francis y sus otros dos hijos en un pequeño apartamento de un dormitorio que acababan de pintar, un diminuto estudio en la calle 60. La pequeña Sofia nació en pleno rodaje y apareció en la escena del bautizo, rodada en la antigua Catedral de San Patricio, en el 264 de Mulberry. Sofia era el bebé bautizado y Eleanor la observaba preocupada y le repetía a Francis que Diane Keaton no estaba cogiendo bien al bebé y podía dañar su delicado cuello.

En aquel duro rodaje, del que Francis estuvo a punto de ser despedido, Eleanor tuvo que lidiar con las depresiones de su marido, pero no todo fueron penurias. Eleanor disfrutó de un gran momento para sus vidas viendo en la televisión a George Segal y Sarah Miles presentando el premio al Mejor guion adaptado. Miles gritó el premio: “¡Francis Ford Coppola y Edmund H. North por Patton!”. Finalmente, El padrino se convirtió en el primer blockbuster de la historia y supuso un cambio radical para los Coppola. De la noche a la mañana eran ricos y Francis muy famoso. Una mañana, Eleanor se levantó de la cama, se vistió con su bata y salió al porche de su casa para recoger el periódico. Cuando repasaba los titulares, el autobús turístico de San Francisco pasó frente a ella y escuchó la voz del guía: “Y a la derecha, la casa de Francis Ford Coppola”.

Para Eleanor no fue fácil lidiar con el nuevo, rico y extravagante Coppola, que a mediados de los setenta se coinvirtió en el líder del llamado Nuevo Hollywood, nueva generación que sustituía a los veteranos cineastas, ya en retirada. Francis llegó a lo más alto al ganar la Palma de Oro por la magistral La conversación y otros tres Oscar por la no menos magistral El Padrino II. Nadie había logrado nada parecido.

La figura de Eleanor cobró especial relevancia cuando Francis se embarcó en el colosal rodaje de Apocalypse Now. Además de llevarse a Filipinas (donde se rodó el filme) a toda su familia, Eleanor se encargó de rodar allí un documental: Corazones en tinieblas, estrenado 13 años después del rodaje, ganador de dos premios Emmy y material de primera para todo cinéfilo que se precie. El proyecto Apocalypse Now, eso sí, casi provoca el divorcio de Francis y Eleanor, harta de sus infidelidades con mujeres como Cynthia Wood (una de las chicas Playboy de la película) y la guionista Melissa Mathison.

Eleanor completó el retrato de aquel alucinante rodaje con su libro Notas a Apocalypse Now: Crónica de un rodaje maldito, obra fundamental para estudiosos del cine de Coppola y en la que recuerda su segundo encuentro con Marlon Brando tras el rodaje de El padrino: “Me encontré a Francis en la sombra hablando con un hombre corpulento de pelo corto y canoso. Cuando me acerqué, el hombre me dijo: “Hola, Ellie”. Su aspecto me sonaba y me di cuenta de que era Marlon Brando. Parecía mirarme al microscopio, como si se diera cuenta de todos los movimientos de mis cejas o fuera capaz de ver los puntos irregulares del bordado en el bolsillo de mi camisa. Y no lo hacía con aire crítico, sino simplemente absorbiendo todos los detalles”.

En Notas también recuerda que ella fue fundamental para la concepción del final de la película, que Francis no sabía cómo acabar. En Filipinas habían contratado, para que trabajasen como figurantes, a miembros de los ifugao, tribu que realizaba un ritual en el que sacrificaban a un búfalo de agua. Eleanor, fascinada, llevó a su marido a aquel brutal ritual, tras el cual le ofrecieron el corazón del animal. “¿Qué hago yo con un corazón?”, preguntó Francis. “¿Comértelo?”, preguntó también su mujer. Mientras guardaba aquel corazón en la nevera, Coppola supo cómo acabar Apocalypse Now.

Finalmente, la familia Coppola no se arruinó con Apocalypse Now. Lo hizo con la siguiente película: Corazonada, un desastre financiero como no se había visto en años en la industria del cine americano. Las desorbitadas deudas bancarias los llevaron al borde del precipicio y a una larga etapa de películas de encargo. En el rodaje de una de esas películas, Francis tuvo que hacerle a Eleanor la llamada telefónica más terrible de toda su vida: su hijo Gian-Carlo, de 22 años, acababa de morir en un accidente de lancha rápida. Eleanor se desplomó al conocer la noticia de la muerte de su hijo mayor el Día de los Caídos (en el que se honra a los fallecidos entre el personal militar americano). Fue una macabra paradoja: los protagonistas de la película que estaba rodando su marido, Jardines de piedra, eran soldados de la Guardia de Honor, encargados del ceremonial para los funerales de los soldados caídos.

Francis y Eleanor no volvieron a ser los mismos tras aquel palazo. En memoria de su hijo, Eleanor fundó, junto a otros artistas, la organización Circle of Memory, creada para conmemorar a los seres queridos desaparecidos. Además, sus obras de arte se han presentado en museos y galerías de todo el mundo y fue la administradora de la bodega Rubicon Estate Winery, propiedad de los Coppola. Uno de los vinos sigue llevando su nombre y los que entienden dicen que es un gran tinto, fuerte y con cuerpo. Priscilla, la última película de Sofia Coppola, y a cuyo estreno no asistió para estar cerca de su madre enferma, está dedicada a Eleanor, que falleció en su propia casa de Rutherford, California, a los 87 años.

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