Las urgencias de Noboa

¿Ha salido reforzado Daniel Noboa tras el referéndum y consulta popular del 21 de abril? Parcialmente, sí. El éxito de las preguntas en el campo securitario refuerzan su retórica punitivista, que deberá no obstante pasar ahora por el poder legislativo. En el campo económico, sin embargo, las clases trabajadoras del país han dado un rotundo “NO” a la precarización que ofreció en la consulta. Todo ello a menos de un año para las elecciones presidenciales de febrero del 2025
Inauguración del proceso de Referéndumy Consulta 2024 — Daniel Noboa / Twitter (X)

Ecuador acudió a las urnas el domingo 21 de abril para responder once preguntas en una papeleta que incorporaba, al mismo tiempo, un referéndum constitucional y una consulta popular. El presidente Daniel Noboa pretendía medir en este proceso el grado de apoyo real que atesora en medio de un mandato tan acelerado como convulso —como consecuencia de la “muerte cruzada” invocada en 2023 por el ex presidente Lasso—, el mandato de Noboa dura apenas un año, y deberá revalidarlo en febrero de 2025. Curiosamente, el resultado de las urnas refuerza y debilita al mismo tiempo al ejecutivo ecuatoriano, quien pretendía un “voto plancha” en una lista de preguntas que abarcaban temáticas diversas. No lo ha logrado, y pese a que su retórica punitivista y su pretendido “bukelismo” han recibido el aval de buena parte de los electores ecuatorianos, ciertamente su perspectiva económica no ha sufrido la misma suerte. Su liderazgo, de hecho, se ve relativamente mermado, pudiendo observarse esta consulta como un termómetro del sentir popular sobre los múltiples escándalos de Noboa en sus meses al frente del Carondelet.

El contexto

Francamente, el llamado a urnas era parte de un esquema de reforzamiento popular por parte de Noboa. Buena parte de las preguntas de la consulta y del referéndum, en especial aquellas referidas a la seguridad, ya estaban en vía de ser debatidas y votadas en la Asamblea Nacional, según denunció Luisa González, candidata presidencial de Revolución Ciudadana. Incluso aunque Noboa optase por una vía de confrontación entre el ejecutivo y el legislativo —senda que dio impresionantes frutos electorales a Nayib Bukele en El Salvador—, realmente Noboa tiene escollos importantes para hacer valer un liderazgo que surgió de la noche a la mañana y que tiene en las presidenciales de 2025 su gran reto.

Los comicios han tenido lugar en un contexto complejo para el presidente. Noboa ha acumulado escándalos en tiempo récord desde que asumió la presidencia. El Memorándum de Entendimiento con Estados Unidos, por el que Ecuador pretendía entregar todo su material militar de origen ruso a Washington a cambio de 200 millones de dólares, provocó una respuesta de Moscú. El Gobierno ecuatoriano, en representación de la canciller Gabriela Sommerfeld, tuvo que echar marcha atrás con una decisión riesgosa para la seguridad de Ecuador y en mayor medida descabellada si se tiene en cuenta que, en la actualidad, Ecuador es miembro no permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Por otro lado, el asalto a la Embajada de México en Quito, el ulterior secuestro del ex presidente ecuatoriano Jorge Glas y la posterior reacción de numerosos estados latinoamericanos complejizó en mayor medida el encaje regional de un Daniel Noboa que parece querer acelerar todas las dinámicas que ya arrastraba la política ecuatoriana. La denuncia de México ante la Corte Internacional de Justicia abrió un nuevo capítulo para el país cuyas consecuencias electorales en 2025 todavía no están claras.

Las claves de la consulta

Los ecuatorianos debieron responder once preguntas: las seis de la consulta popular, referidas todas ellas a la lucha contra el crimen organizado, las cuatro de la enmienda constitucional —dos de las cuales versaban sobre asuntos laborales y económicos—, y una de la reforma parcial, vinculada también a la lucha contra el crimen organizado. Mediante la votación, el presidente Noboa solicitaba apoyo a, entre otras medidas, el “apoyo complementario de las Fuerzas Armadas en las funciones de la Policía Nacional”, al “control de armas, municiones, explosivos y accesorios, permanentemente, en las rutas, caminos, vías y corredores autorizados para el ingreso a los centros de rehabilitación social”, al elevamiento de las penas para numerosos delitos referidos al crimen organizado o al uso por parte de la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas de armamento incautado.

De la mano de estas “preguntas ancla” referidas a la seguridad, principal preocupación de la mayoría de los ecuatorianos hoy en día, Noboa quiso refrendar positivamente dos preguntas en pro de la periferización de la economía ecuatoriana y de la precarización de su fuerza laboral: “¿Está usted de acuerdo que el Estado ecuatoriano reconozca el arbitraje internacional como método para solucionar controversias en materia de inversión, contractuales o comerciales?" y"¿Está usted de acuerdo con enmendar la Constitución de la República y reformar el Código de Trabajo para el contrato de trabajo a plazo fijo y por horas, cuando se celebre por primera vez entre el mismo empleador y trabajador [...]?”.

El resultado en el campo económico-laboral del referéndum ha sido contundente: en ambos casos, el “NO” ha oscilado entre el 60% y el 70%. Conviene aquí ofrecer un cierto contexto: en campaña, Noboa ya postuló su defensa de la “libre empresa con responsabilidad social”, dejando entrever que su modelo económico distaba por derecha del redistribucionismo desarrollista de los gobiernos de Rafael Correa. De hecho, la posición de clase del hoy presidente de Ecuador siempre ofreció pistas sobre su modelo de país. Es el heredero principal de un verdadero monopolio de la banana, cuya maximización del lucro depende en gran medida de la consolidación del esquema periférico de la economía ecuatoriana en relación a los centros de desarrollo capitalista. Su liberalismo, no obstante, ha sufrido un revés en un referéndum a través del cual pretendía justamente lo contrario.

El “NO” a estas dos propuestas refleja un considerable grado de conciencia respecto a los derechos laborales entre las clases trabajadoras ecuatorianas con el que Noboa, probablemente, no contaba. Sin embargo, sería precipitado deducir de este resultado que el mandatario ha perdido el apoyo que cosechó en las pasadas elecciones presidenciales. En este sentido, el “SÍ” a las preguntas de la consulta en relación a la lucha contra el crimen organizado ha superado en todos los casos el 60%, siendo además esta la principal preocupación de la ciudadanía ecuatoriana y, por consiguiente, quizá el clivaje determinante en las presidenciales de febrero del 2025.

Con esta decisión en las urnas, Ecuador certifica un considerable apoyo a la “bukelización” de su particular estrategia de seguridad en el contexto de la crisis que se desató a posteriori del fin de los gobiernos de Rafael Correa. La desinversión en el sistema penitenciario y la liberalización económica contribuyeron a una rápida penetración del crimen organizado en el país que hoy es condición de posibilidad para la deriva de concentración de poder que muestra el presidente Noboa y que enlaza directamente con su retórica punitivista y “de mano dura”.

Ecuador, en efecto, volverá a las urnas en menos de diez meses, y Daniel Noboa está ya preparando su campaña para la reelección. Desde el primer momento, parecía evidente que, ganara quien ganase en los comicios de finales del 2023, el mandato presidencial iba a ser una suerte de campaña desde el ejecutivo. El mecanismo de la “muerte cruzada” no ponía fin al mandato presidencial que Lasso inició en 2021, es decir, no daba inicio a un nuevo período para el presidente entrante, sino que a éste se le encomendaba culminar el ciclo 2021-2025.

Así, Daniel Noboa asumió la presidencia en noviembre de 2023 con la urgencia inmediata de prepararse para la reelección año y medio después. No por casualidad, su mandato está marcado por la velocidad en la toma de decisiones y la urgencia por mostrar resultados en el campo securitario. De la capacidad efectiva de las Fuerzas Armadas y la Policía en los próximos meses dependerán sus ambiciones de continuidad en 2025. Aunque, sin duda, el factor decisivo —como lo fue en El Salvador— será el éxito de la propaganda punitivisita y autoritaria de la presidencia de Ecuador y de los altavoces informales de Noboa en las televisiones nacionales. La consulta y referéndum del 21 de abril determina el inicio de una campaña electoral que será larga y decisiva para el país.

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